El Gran Juego de la geopolítica se enfrenta a un nuevo desafío. El nuevo punto caliente es Israel y el Oriente Medio musulmán. Ucrania está prácticamente perdida, y es probable que EE. UU. la abandone a su suerte, como a Afganistán.
Tendremos que ver cómo evolucionan ambos conflictos. Mientras tanto, los precios de la energía mantendrán altas la inflación y los tipos de interés, lo que socavará a los gobiernos, a los sistemas bancarios y a las empresas que dependen del crédito barato.
Este artículo se centra en las consecuencias para las divisas, que no son más que crédito sin respaldo cuyo valor depende de la confianza del público en ellas. Para ayudar a entender bien qué es el dinero, se explica la relación entre el oro, que se acepta universalmente como dinero legal, y las divisas fiduciarias desvinculadas de él como una relación objetivo/subjetivo.
Hay varias piezas en movimiento detrás de una creciente crisis de las divisas fiduciarias. Al encajar este rompecabezas, se vislumbra una crisis cada vez más segura para las divisas del G7. Hay pocas dudas de que tanto China como Rusia son plenamente conscientes de este peligro y están preparadas para defender sus propias divisas y economías volviendo a patrones oro. Y una vez que empiece la crisis del dólar fiduciario y de otras divisas del G7, podría desarrollarse con una rapidez notable y ser imparable.
Todo llega a quien sabe esperar…
Según NBC,[i] EE. UU. y todo el Grupo de Contacto para la Defensa de Ucrania, formado por 50 países, está estudiando la posibilidad de un alto el fuego en Ucrania. Según se informa, estas conversaciones tratan sobre lo que Ucrania tendría que ceder para cerrar un acuerdo con Rusia. Ahora que Ucrania apenas es una nota al pie en los informativos, el apoyo público y político en la alianza occidental se ha esfumado.
Y ahora está la lucha de Israel contra Hamás, que para la alianza occidental es la nueva preocupación. Ucrania está siendo abandonada. Con EE. UU. señalando claramente un cambio en sus prioridades militares, Putin se mantendrá sin duda firme. No solo quiere que EE. UU. salga de Ucrania, sino también de Europa. Siempre ha querido eliminar la amenaza liderada por EE. UU. en la frontera occidental de Rusia, y con el fracaso de la campaña de Ucrania ahora parece que lo conseguirá. Además, tanto Rusia como China quieren un comercio sin trabas con Europa Occidental, algo que impide la sumisión de la UE a la política exterior estadounidense.
La alianza no tendrá más remedio que marcharse y dejar a Ucrania a su suerte, igual que con Afganistán. Serán dos fracasos dramáticos de política exterior en el primer mandato de la administración Biden, atenuados solo por otra nueva prioridad: rescatar a Israel del olvido musulmán. Pero EE. UU. y sus aliados están ahora en clara desventaja en Oriente Medio, que en el último año o dos se ha puesto abiertamente del lado del eje Rusia-China. Tras haber apoyado a los israelíes contra Hamás desde el principio, la alianza occidental se enfrenta a casi todo el mundo musulmán, unos dos mil millones de personas, con una fuerte oposición a cualquier intervención militar.
El secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken, tiene la tarea imposible de convencer a las fuerzas de la región de que apoyen a Israel contra Hamás. Puede que Hamás no sea popular en el Golfo, pero los palestinos de Gaza despiertan simpatía en todo el mundo mientras que los israelíes se exponen a la condena. Blinken ha intentado convencer a los israelíes de que usen bombas más pequeñas para limitar los daños colaterales, un enfoque que difícilmente ganará respeto y apoyo en la región.
En resumen, la alianza occidental se está enredando en una situación imposible por su apoyo a Israel. La implicación de Rusia se ha limitado a tranquilizar a su población musulmana y a las naciones musulmanas situadas al sur, expresando su apoyo a la solución de los dos Estados. Irán tiene una postura distinta, como demostró su portavoz en Hezbolá, Hassan Nasrallah, en un discurso muy esperado la semana pasada. En realidad no declaró la guerra, y señaló que Hezbolá ya estaba en escaramuzas con los israelíes en el norte de Israel. Lo importante fue lo que Nasrallah no dijo: que Hezbolá ya estaba en guerra, algo que probablemente se intensificará sin necesidad de una declaración formal.
En lugar de limitarse a observar, es probable que Irán se implique más directamente. Y en estas circunstancias, si EE. UU. se ve arrastrado a atacar a Hezbolá o a Irán, es difícil ver cómo una escalada así podría tener éxito. Irán dispone de armamento muy sofisticado y conoce la ubicación exacta de los activos estadounidenses en el norte de Siria y en Irak. Además, puede bloquear fácilmente el estrecho de Ormuz y privar al mundo de petróleo y gas natural.
Con la desaparición de la influencia estadounidense, Irán cuenta ahora entre sus apoyos con los saudíes y prácticamente con todo el mundo musulmán. Y no es imposible que una escalada de estas tensiones lleve al cierre del mar Rojo en Bab el-Mandeb o del canal de Suez, o de ambos.
¿Correrá EE. UU. el riesgo de provocar a Irán y a los hutíes de Yemen para que cierren estos puntos estratégicos? El sentido común y los intentos diplomáticos de Blinken dicen que no. Pero si es así, la propia supervivencia de Israel podría verse amenazada. No es de extrañar que a Putin y a su socio, el presidente Xi, les convenga mantenerse bien alejados de esta disputa. El tiempo dirá cómo se desarrolla todo esto. Pero lo que a nosotros nos importa son las consecuencias económicas, y a los hegemones asiáticos también.
Los precios de la energía este invierno
Parece cada vez más probable que la crisis de Oriente Medio se agrave, pero los precios del petróleo y del gas todavía no lo reflejan. Los gráficos siguientes muestran la evolución del petróleo y del gas natural desde el verano.

Si bien es cierto que en los últimos seis meses estos precios han subido un 14 % y un 38 % netos, respectivamente, el estallido de las hostilidades entre Israel y Hamás ha hecho que tanto el petróleo como el gas natural bajen con fuerza. Pero si aumentan las tensiones, estos precios subirán sin duda con fuerza desde los niveles actuales.
Además, dado que las reservas estratégicas de EE. UU. han disminuido un 40 % desde que se impusieron sanciones a Rusia el año pasado, la capacidad de EE. UU. para compensar nuevas subidas del petróleo es cada vez más limitada. Y a medida que entramos en el invierno del hemisferio norte, la demanda mundial de ambas fuentes de energía aumentará.

Esto importa por su efecto en el nivel general de precios y por la asistencia crediticia que los gobiernos del G7 tendrán que proporcionar para absorber los precios más altos. Esta asistencia adoptará la forma de mayores déficits presupuestarios y, posiblemente, de una reanudación de la flexibilización cuantitativa (QE), porque el crédito bancario comercial ya no se está expandiendo. Pero mientras los gobiernos ofrecen apoyo fiscal, sus bancos centrales no tendrán más remedio que subir los tipos de interés desde los niveles actuales, a menos que renuncien a sus mandatos de control de la inflación.
Sin embargo, salvo Alemania, el resto de las naciones del G7 ya están atrapadas en trampas de deuda. La semana pasada describí la trampa de deuda de EE. UU. y concluí que los intereses de la deuda en el actual ejercicio fiscal podrían subir hasta cerca de 1,5 billones de dólares, con un déficit sobre el PIB de quizá el 14 %. La situación de Japón es aún peor: su deuda sobre el PIB supera el 260 %, lo que significa que cada aumento del 1 % en los costes de financiación añade un 5,7 % al gasto público total. No es de extrañar que las autoridades monetarias japonesas estén reprimiendo desesperadamente los tipos de interés.
Todo esto va en contra de las expectativas actuales del mercado. Los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE. UU. han caído del 5 % al 4,5 % en dos semanas, y los comentarios son optimistas, optimistas, optimistas. Todo resulta bastante surrealista. La oferta de energía será inferior a su demanda en los próximos meses, lo que afectará especialmente a Europa incluso sin un deterioro de la situación militar en Palestina. Casi con toda seguridad, cualquier optimismo sobre la inflación y los tipos de interés será sustituido por el pesimismo, un pesimismo que sin duda se extenderá a la situación de todo el sistema bancario del G7.
Aunque es probable que la Rusia de Putin se beneficie de la creciente perturbación en Oriente Medio a través de unos precios más altos de la energía, cabe preguntarse cuánto valdrán esos precios en términos reales, dado el deterioro de las perspectivas del dólar y de otras monedas de pago. En resumen, Putin tendrá que reformar su propia economía y su moneda tras la autoinmolación del G7, por las consecuencias para las exportaciones de energía de Rusia. Volveremos sobre este tema más adelante en este artículo.
Cómo valorar las monedas fiduciarias y su potencial de colapso
Es hora de explicar por qué los macroeconomistas modernos se equivocan en su enfoque matemático, para lo cual hace falta prestar atención a una teoría económica razonada. Aunque cada vez más economistas y expertos financieros reconocen los peligros económicos emergentes, les falta comprenderlos y entender por qué han surgido. La dependencia de la modelización económica estadística y matemática resultó ser una trampa. Y la suposición de que el dólar es el sustituto sin riesgo del oro nos está llevando a una crisis que emerge con rapidez y que destruirá todo el sistema de monedas fiduciarias.
Debemos al economista austriaco Carl Menger una comprensión adecuada del valor que se atribuye a una moneda fiduciaria. Menger fue uno de los tres economistas que, en la década de 1870, desarrollaron la teoría marginal de los precios (los otros fueron Jevons y Walras). Fue el único que adoptó plenamente los órdenes de prioridad humanos y la subjetividad como base de los precios, y rechazó por completo la teoría de precios basada en los costes.
Menger también entendió que la función del dinero era proporcionar un valor objetivo en las transacciones, mientras que toda la subjetividad se encontraba en los bienes y servicios objeto de intercambio. Esta línea de razonamiento fue desarrollada por los economistas que le siguieron, en particular Ludwig von Mises, que amplió el análisis en su obra The Theory of Money and Credit, publicada por primera vez en 1912.
En la Parte Segunda, Capítulo 1, Mises escribió lo siguiente:
«El elemento central del problema económico del dinero es el valor de cambio objetivo del dinero, popularmente llamado su poder adquisitivo. Este es el punto de partida necesario de toda discusión, pues solo en relación con su valor de cambio objetivo se hacen patentes esas propiedades peculiares del dinero que lo han diferenciado de las mercancías.
»Esto no debe entenderse como que el valor subjetivo tenga menos importancia en la teoría del dinero que en otros ámbitos. Las estimaciones subjetivas de los individuos son la base de la valoración económica del dinero, igual que lo son de la de otros bienes.»
Por el propio título de su libro, podemos entender que para Mises el dinero es oro y todo lo demás es crédito. Entonces, ¿cómo es posible que el oro tenga un valor subjetivo y a la vez sea objetivo en las transacciones?
El valor subjetivo del oro modifica su valor objetivo mediante cambios en el nivel de dinero que se mantiene sin gastar en relación con los bienes y servicios. Incluso bajo patrones oro, los hábitos de ahorro y gasto de los consumidores difieren de unas economías nacionales a otras.
Cuando la gente decide aumentar su tasa de ahorro, el poder adquisitivo del oro tiende a aumentar, y si reduce sus ahorros, su poder adquisitivo tenderá a caer. Pero, como el oro como dinero es aceptado internacionalmente y suponiendo que no hay barreras al arbitraje comercial, habrá una tendencia a corregir el nivel general de precios de un país hacia una norma internacional. Debido a esta actividad de arbitraje, el oro tenderá a fluir desde donde los bienes son más caros hacia donde son más baratos. La diferencia actual en las paridades de poder adquisitivo es principalmente un fenómeno de las monedas fiduciarias y de las barreras comerciales, donde este arbitraje no se produce.
Cuando una moneda está firmemente vinculada al oro, aunque siga siendo crédito, adquiere el mayor grado de objetividad posible, porque el valor del oro como dinero es reconocido universalmente, lo que facilita los flujos comerciales. Las diferencias en los tipos de interés entre monedas con patrones oro creíbles también hacen que las reservas de oro fluyan de una a otra, de modo que el valor del oro en el centro de tipos más altos actúa como el valor objetivo en el arbitraje, y el del oro en el centro de tipos de interés más bajos es el subjetivo.
Esto es lo que quería decir Mises al afirmar que «las estimaciones subjetivas de los individuos son la base de la valoración económica del dinero, igual que de la de otros bienes».
Los valores objetivo y subjetivo del dinero coinciden en lo que respecta a su función como intermediario entre vendedores y compradores de bienes y servicios. Es entonces su valor objetivo el que importa, de modo que la subjetividad del valor queda confinada a los bienes económicos que se intercambian. Esta característica es la que define al dinero, y también a sus sustitutos de crédito cuando son canjeables por oro a la vista. Dado que el mundo actual no utiliza dinero, es decir, oro o sus sustitutos monetarios creíbles, hay que considerar un factor adicional para las monedas fiduciarias.
El valor objetivo de una moneda fiduciaria a efectos de transacción se ve modificado por la confianza que le tienen sus usuarios. Pero la verdadera relación entre el oro, que es dinero legal, y una moneda fiduciaria es que el valor subjetivo corresponde a la moneda fiduciaria y el objetivo al oro. Es lo contrario de lo que se suele presentar, algo que se debe a la costumbre de expresar un patrón oro en unidades de moneda por onza, cuando la relación correcta debería expresarse en unidades de oro por peso para cada unidad de moneda. Bajo el patrón oro de larga vigencia, expresado habitualmente como 20,67 $ por onza de oro, la definición legal de la Gold Standard Act estadounidense de 1900 era la siguiente:
«Promúlguese por el Senado y la Cámara de Representantes de los Estados Unidos de América reunidos en Congreso: que el dólar, consistente en veinticinco grains y ocho décimas de oro de nueve décimas de pureza, según lo establecido por la sección tres mil quinientos once de los Estatutos Revisados de los Estados Unidos, será la unidad patrón de valor, y todas las formas de dinero emitidas o acuñadas por los Estados Unidos se mantendrán en paridad de valor con este patrón, y será deber del secretario del Tesoro mantener dicha paridad.»
Obviamente, al utilizar el dólar como sustituto del oro resultaba engorroso describirlo como 25,8 granos de una moneda con un 90 % de oro: resulta más práctico decir 20,67 $ por onza, como ocurrió con los 35 $ tras la devaluación del dólar desde 1934 hasta que se suspendió Bretton Woods en 1971. Describir el precio del oro como subjetivo a partir de entonces, es decir, afirmar que el precio del oro ha subido con el tiempo mientras que el dólar es el valor objetivo, es un error grave. Es un hecho que el poder adquisitivo del dólar ha disminuido porque el oro, que es dinero legal aceptado internacionalmente, tiene el valor objetivo, mientras que el del dólar es siempre subjetivo.
Si se necesitan más pruebas de esta relación, conviene señalar que los registros históricos muestran que los precios en oro de muchos bienes se han mantenido notablemente estables durante siglos, mientras que ninguna moneda fiduciaria ha sobrevivido durante periodos prolongados. La única excepción hasta ahora es el actual régimen de monedas fiduciarias, que aún no ha fracasado. Sin embargo, su pérdida de poder adquisitivo desde que pasaron a ser totalmente fiduciarias, incluso antes de un fracaso definitivo, queda ilustrada en el gráfico siguiente.

Desde que las monedas del mundo, encabezadas por el dólar, suspendieron cualquier forma de convertibilidad en oro en 1971, el dólar estadounidense ha perdido el 98,2 % de su valor en oro, la libra esterlina el 99,1 %, el euro (incluidas sus monedas predecesoras) el 98,8 % y el yen el 95,8 %. Además, el poder adquisitivo de estas monedas ha mostrado una gran volatilidad, como ilustra el gráfico del petróleo cotizado en oro y en dólares a lo largo de los últimos setenta y tres años.

Parte de la muy baja volatilidad del petróleo cotizado en oro refleja la volatilidad del poder adquisitivo del dólar fiduciario; sin ella, habría sido sin duda aún más estable. El problema es la inestabilidad del dólar fiduciario, y está claro que, en relación con el dinero legal, es el dinero legal en forma de oro físico el que tiene el valor objetivo, y el dólar fiduciario el subjetivo.
Por ahora, la costumbre y la propaganda contra el oro ocultan esta verdadera relación, pero la historia nos enseña que el error acabará reconociéndose. Cuando eso ocurra, quedará plenamente al descubierto la farsa de que las monedas fiduciarias, encabezadas por el dólar, son el nuevo dinero verdadero y el oro solo una curiosidad histórica. Y el destino de las monedas fiduciarias actuales será el de sus predecesoras: un colapso total de su poder adquisitivo.
Los factores que socavan la confianza en las monedas sin respaldo
Lo rápido que será ese colapso y sus consecuencias tanto para los activos corpóreos como para los incorpóreos son de gran interés para quienes desean preservar su riqueza. He escrito en los últimos meses una serie de artículos que detallan aspectos concretos de una crisis monetaria en gestación, así que lo que sigue es solo un breve resumen de ellos.
- Tipos de interés. Con o sin tensiones en Oriente Medio, los precios más altos de la energía provocarán sin duda precios más altos de todo. La realidad es que lo que se está socavando es el poder adquisitivo de las monedas fiduciarias, y las autoridades tendrán pocas alternativas aparte de permitir que los tipos de interés sigan subiendo para evitar un colapso temprano del poder adquisitivo de sus monedas.
- Crédito bancario comercial. El crédito bancario comercial se está contrayendo porque los banqueros temen ahora los préstamos morosos, la caída del valor de los activos financieros y la falta de compradores para garantías como los inmuebles comerciales. Su apalancamiento operativo aumentó considerablemente cuando los tipos de interés eran cero y negativos, y ahora que han subido, los banqueros están desesperados por reducir sus perfiles de riesgo. La escasez de crédito disponible para la actividad económica está empujando los tipos de interés al alza, con independencia de las políticas monetarias de los bancos centrales.
- Trampas de deuda de los gobiernos. Los gobiernos del G7, que comprende Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Francia, Italia y Alemania, con la excepción de Alemania, están todos en trampas de deuda. Estas trampas se están activando por la fuerte subida de los tipos de interés, que se intensificará cuando los tipos se vean forzados a subir aún más. En el contexto global, los más expuestos son Japón, cuya deuda supera el 260 % del PIB, y Estados Unidos, cuya proporción es del 121 %. Se prevé que estas proporciones se disparen por la combinación de mayores déficits y mayores costes de intereses de la deuda. Es probable que provoquen una pérdida de confianza pública debido a sus respectivas trampas de deuda.
- Recesión o crisis global. Según confirman numerosas encuestas empresariales, las naciones del G7 afrontan una crisis económica cada vez más profunda, ya que las empresas excesivamente apalancadas que eran rentables cuando los tipos de interés eran mucho más bajos se ven abocadas a la quiebra por los tipos actuales y más altos. La propiedad comercial y la deuda de capital privado son ejemplos de sectores y modelos de negocio que están siendo destruidos por el nuevo entorno de tipos de interés.
- Valor de los activos financieros. Con el aumento de los rendimientos de los bonos, que ha provocado fuertes caídas en sus precios, el cambio en la base de valoración aún no se ha reflejado en los mercados de renta variable. En consecuencia, las acciones pueden desplomarse con la próxima subida de los rendimientos de los bonos, si no antes. Esto no solo empobrece a los inversores, sino que la reducción de su valor como garantía tiene consecuencias destructivas para todo el sistema bancario, que se enfrenta a tener que liquidar los activos financieros que respaldan préstamos que se están deteriorando en un mercado a la baja.
- Los bancos centrales del G7 están técnicamente en quiebra. Las pérdidas en los balances derivadas de la flexibilización cuantitativa en todos los bancos centrales del G7 superan en múltiplos su capital. Es posible recapitalizarlos, con la probable excepción del BCE. El BCE necesitará que sus «accionistas», es decir, la red de bancos centrales nacionales del eurosistema, suscriban nuevo capital en un momento en que los propios bancos centrales nacionales también tienen un patrimonio profundamente negativo. Se requerirá aprobación legislativa en múltiples jurisdicciones para recapitalizar los bancos centrales nacionales y el BCE, y ese proceso podría agravar la crisis en el eurosistema y probablemente amenazar la existencia del euro.
- Es probable que los bancos comerciales quiebren. Tras haber mantenido sus beneficios mediante altos niveles de apalancamiento cuando los márgenes del crédito se comprimieron por los tipos de interés negativos, los principales bancos de la eurozona y de Japón arrastran una herencia de ratios de activos sobre capital de veinte veces o más. Este alto nivel de endeudamiento nunca se había visto antes de forma tan generalizada. La subida de los tipos de interés está transformando rápidamente el ciclo de crédito bancario: los banqueros, que buscaban préstamos rentables, ahora temen cada vez más las pérdidas. Con sus propias acciones colectivas, en un intento de sobrevivir individualmente, están imponiendo una restricción del crédito a los prestatarios que dependen del crédito bancario para su liquidez. Esta contracción del crédito bancario siempre conduce a una crisis sistémica de todo el sector bancario y a una caída de la actividad económica.
- Geopolítica. Rusia y China están arrebatando con éxito influencia global a EE. UU. y a su dólar. Cada vez parece más seguro que la alianza occidental abandonará Ucrania, mientras la atención pública se desvía hacia la situación palestina como cobertura política. Si esta escala hacia un enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán, cabe esperar que los precios de la energía suban con fuerza, lo que socavaría el sistema monetario basado en el dólar y su poder adquisitivo aún más rápidamente que otros factores inflacionarios.
- Tenencias extranjeras de dólares. Según el Tesoro de EE. UU., los extranjeros poseen unos 33 billones de dólares en activos financieros y depósitos bancarios. A esto hay que añadir una estimación de los saldos en dólares de propiedad extranjera en bancos y bancos en la sombra fuera de EE. UU. Sobre la base de posiciones de divisas en las que uno de los extremos es el dólar, el Banco de Pagos Internacionales estima que estos saldos de eurodólares extraterritoriales suman otros 85 billones de dólares[ii], además de otros 10 billones de dólares en bonos en eurodólares. Cuando un mercado bajista en activos financieros se haga evidente, cabe esperar una liquidación extranjera masiva de activos financieros denominados en dólares y de dólares.
La rehabilitación del oro como ancla del crédito
Los estadounidenses de a pie comprenden mal la última viñeta de la lista anterior. No hay nada inusual en ello, porque las crisis monetarias casi siempre se desencadenan por la liquidación de divisas y activos extranjeros. Además, la idea errónea de que el dinero es el dólar y no el oro físico lleva a esperar que en una crisis se vendan otras divisas para comprar dólares. Y, de hecho, cuando estalla una crisis financiera global, esa es la reacción inicial, como vimos en los meses previos a la quiebra de Lehman.
Esto se reflejó en el poder adquisitivo subjetivo del dólar en relación con el oro, que es objetivo, como se muestra en nuestro siguiente gráfico.

Antes de la quiebra de Lehman hubo una huida hacia el dólar, que lo impulsó un 25 %. Pero cuando Lehman se declaró en quiebra en septiembre de 2008, el dólar retomó su tendencia bajista frente al dinero real: el oro.
Del mismo modo, a medida que los mercados toman cada vez más conciencia de los factores que conducen a la crisis actual, el dólar se ha apreciado con fuerza frente al oro. Sea cual sea la forma que adopte la crisis, cabe esperar que el apoyo al dólar se revierta, y esta vez amenazaría con desestabilizar la colosal cantidad de saldos en dólares en manos extranjeras, que, junto con los saldos en eurodólares fuera del sistema bancario estadounidense, asciende a unos 128 billones de dólares.
El problema para los tenedores extranjeros de dólares es que este es la moneda de reserva de todo el sistema de divisas fiduciarias. Un colapso del dólar no ofrecerá una protección duradera en otras divisas fiduciarias. El único refugio frente a lo que supondrá un colapso mundial de las divisas y del crédito será volver al dinero verdadero, legal y de uso secular, que es el oro físico: el oro de papel es crédito y no ofrece protección alguna en una crisis monetaria existencial. Con el impulso de la tecnología moderna, la velocidad de los acontecimientos podría llegar a ser extremadamente alta, y los vendedores de crédito, presas del pánico, intentarían hacerse con oro físico sin conseguirlo.
Cómo evolucionará esto realmente y con qué rapidez solo se puede intuir. Pero no cabe duda de que tanto China como Rusia han tomado medidas para protegerse de un colapso del dólar y del crédito en dólares. China ha reforzado su minería de oro hasta convertirse en el mayor país por producción. Además, está claro que primero el Estado y después sus ciudadanos han estado acumulando grandes cantidades de oro físico: el Estado desde 1983 y los ciudadanos chinos desde 2002, cuando se abrió la Bolsa del Oro de Shanghái. Y apenas el pasado junio, los bancos controlados por el Estado empezaron a ofrecer cuentas de oro a los depositantes, lo que permite que incluso quienes tienen pocos ahorros posean algo de dinero real.
Dado que la política china sobre el oro tiene cuarenta años, podemos estar seguros de que existen planes para asegurar rápidamente el valor del yuan vinculándolo al oro. Rusia llegó a la misma conclusión bastante más tarde, pero con unas reservas oficiales de 2.360 toneladas ya es el quinto mayor tenedor. Además, Rusia tiene dos fondos soberanos de riqueza que, según se dice, contienen otras 10.000-12.000 toneladas, reservas suficientes para vincular el rublo al oro con un patrón de cambio oro plenamente operativo.
No interesa a ninguno de los dos países desestabilizar el sistema de divisas fiduciarias basado en el dólar. Pero China parece más paciente que Rusia en este asunto. Rusia estaba promoviendo activamente un primer paso hacia el regreso a los patrones oro al proponer para los miembros de los BRICS una divisa de liquidación comercial vinculada al oro. La propuesta no llegó a entrar en el orden del día de la reunión de Johannesburgo del pasado agosto, presumiblemente por la oposición de China y de la India. En cambio, en sus intentos de desdolarizar las liquidaciones comerciales, han acordado aceptar las divisas de los demás. Esto solo puede ser una solución provisional.
Aunque una medida para proteger sus divisas volviendo a los patrones oro puede activarse con poca antelación, sin duda supondría otro golpe de martillo para el régimen de divisas fiduciarias. Es esto lo que preocupará especialmente a los chinos, y es otra razón por la que responderán a los acontecimientos en lugar de adelantarse a ellos. Sin embargo, en sentido geopolítico, la muerte del dólar será también el fin de la hegemonía de EE. UU., y dejará a China y Rusia, a toda la Organización de Cooperación de Shanghái y a unos BRICS en expansión la tarea de impulsar una nueva era de comercio respaldado por oro.
Putin habrá logrado entonces su objetivo de expulsar a EE. UU. de Europa. Si juega bien sus cartas, junto con China, Rusia podría convertirse en la salvación económica de Europa.
[i] Véase https://www.nbcnews.com/news/world/us-european-officials-broach-topic-peace-negotiations-ukraine-sources-rcna123628
[ii] Véase Dollar Debt in FX Swaps and Forwards: Huge, Missing, and Growing de Claudio Borio, Robert McCauley y Patrick McGuire: https://www.bis.org/publ/qtrpdf/r_qt2212h.pdf