Gold Wars, revisitado

Lo que sigue es la versión en forma de ensayo de un discurso pronunciado por el operador y economista español Felix Moreno de la Cova en un reciente acto celebrado en Madrid para conmemorar la publicación de....

 la versión española de Gold Wars, del difunto Ferdinand Lips. GoldMoney quiere dar las gracias a la Asociación Española de Metales Preciosos y a Barbara Lips, del Lips Institute, por su trabajo en este proyecto.

El lamentablemente fallecido Ferdinand Lips nos dejó un legado asombroso con este libro, una verdadera joya. Transmite un mensaje contundente que nuestra élite política y bancaria haría bien en recordar, y que es aún más pertinente a la luz de los acontecimientos actuales.

Lips fue un banquero privado suizo y una de las principales autoridades en minería de oro. También fue un apasionado historiador y defensor del dinero sólido, como se ve mejor que en ningún otro sitio en Gold Wars, publicado por primera vez hace una década. Su contacto directo con personas situadas en el centro del sistema monetario, como John Connally y John Exter, hizo que supiera de primera mano lo que ocurría mientras avanzaba la guerra contra el uso del oro como dinero. Su valiente defensa de la tradición suiza de dinero sólido (oro) frente a la enorme presión ejercida sobre su país es un testimonio de su coraje intelectual y de su patriotismo.

Gold Wars cuenta el auge de la moneda fiduciaria y la desaparición del dinero respaldado por oro a lo largo del siglo XX: desde el colapso del patrón oro clásico al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, pasando por el proteccionismo y las guerras comerciales de la década de 1930, hasta el ascenso del sistema de Bretton Woods tras la guerra, y el fracaso del London Gold Pool y el «shock del oro» de Nixon en 1971. Lips examina la decidida guerra monetaria, o guerra del oro, que la élite financiera mundial libró contra Suiza durante la década de 1990, y cómo su país fue vendido por sus políticos y altos financieros, un proceso que Lips llama «la traición a Suiza». Al lector quizá le parezca apropiado que Lips termine su relato en 2001, en el punto de máximo pesimismo del mercado del oro, pero que hoy se ve claramente como el año en que comenzó el último y quizá mayor mercado alcista del metal.

Ferdinand Lips sabía que quienes ignoran la historia están condenados a repetirla. Y aquí estamos hoy, de nuevo ante gobiernos que imprimen dinero a escala épica. Solo que esta vez prácticamente el mundo entero participa. Piensa en ello como la burbuja del Misisipi de John Law, vista en la Francia de principios del siglo XVIII, pero con esteroides.

El mensaje de Lips no trata solo del oro, porque la verdadera virtud del oro residía tanto en cómo llegó a ser dinero, elegido libre y voluntariamente por el mercado y por la gente, como en el papel que desempeñó en la preservación de la libertad. Sin una unidad monetaria estable e independiente no puede haber derechos de propiedad, y sin ellos el ahorro y la inversión son imposibles. La acumulación de capital queda así dañada, si no totalmente prohibida, y el progreso humano se ralentiza hasta arrastrarse (si no se invierte por completo). No puede haber libre mercado sin dinero honesto, igual que no puede haber comercio sin pesos y medidas honestos, algo que Juan de Mariana dejó muy claro hace casi 500 años. Y sin libre mercado, la libertad humana es un mero concepto. Para ejercer nuestra libertad en un mundo material necesitamos la propiedad privada de los medios de producción, de modo que los individuos puedan controlar sus propias vidas.

Si aplicamos estas lecciones a la Europa actual y al debate intelectual sobre el futuro del euro, se puede afirmar que las pocas virtudes que aún conserva el euro pueden abolirse de un plumazo por legisladores y burócratas. Que el euro sobreviva unos años más o no es irrelevante: siempre estará marcado por el pecado original de ser dinero fiduciario, impuesto por decreto en lugar de elegido por la gente. Igual que se impuso por decreto, se manipulará por decreto y siempre para servir a unos pocos a costa de muchos.

El oro es dinero independiente. No se puede crear de la nada y, incluso cuando se prohíbe, nuestros gobernantes nunca pueden controlarlo por completo.

Sin embargo, cuando el dinero fiduciario se derrumbe y la gente pida con ansiedad una solución, habrá muchos caminos distintos. Algunos aspiran a una moneda mundial única gestionada por un banco central mundial, mientras que otros esperarán un regreso al nacionalismo monetario. El dinero de libre mercado, o dinero sólido, no será elegido a menos que la gente entienda sus virtudes y recuerde su historia. Educar a las personas para que tomen la decisión correcta es lo más importante que podemos hacer hoy. Por eso Gold Wars es tan importante. Por eso tenemos con Ferdinand Lips una deuda de gratitud tan grande y deberíamos rezar para que sus palabras lleguen al mayor público posible.

No es solo una cuestión filosófica: tras el colapso del dólar continental en Estados Unidos, los Padres Fundadores aprendieron la lección y consagraron el oro y la plata como dinero en la Constitución estadounidense, sentando las bases para que el país se convirtiera, a principios del siglo XX, en el más próspero y económicamente libre del mundo. Comparémoslo con la Francia del siglo XVIII. Tras el catastrófico experimento de John Law con la moneda fiduciaria, los gobernantes franceses posteriores a la Revolución volvieron a intentar imponer una moneda fiduciaria a la población, los malogrados asignados, lo que condujo a guerras, terror, pérdida de libertad y derramamiento de sangre por toda Europa.

La elección será nuestra.

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