La retórica antirrusa y anti-china está empujando a la alianza occidental hacia una guerra total contra ambos países. Cada vez más, la única forma de evitar un conflicto nuclear definitivo es que el régimen de moneda fiduciaria basado en el dólar se destruya a sí mismo o que sus enemigos le echen una mano para lograrlo. En cualquier caso, el oro será sin duda un elemento central en la evolución de estos acontecimientos, que se suceden con rapidez, y en su desenlace.
Preparándose para un conflicto más amplio
Aunque no se ha declarado oficialmente, a todos los efectos EE. UU. y sus aliados de la OTAN están en guerra con Rusia. Esta guerra todavía no es una confrontación militar total. Se libra a través de Ucrania como intermediaria, pero la OTAN, liderada por Estados Unidos, la está perdiendo claramente.
Con el proyecto ucraniano fracasando a ojos de todos, la retórica que denuncia a Rusia y a China va en aumento. El presidente francés, Macron, parece tener ganas de enviar tropas de la OTAN al terreno, pero eso supondría una confrontación directa que, según el tratado de la OTAN, arrastraría a todos sus miembros. Entonces pasaría a ser oficialmente la Tercera Guerra Mundial, librada bajo un paraguas nuclear. Cuánto tardarían en desplegarse armas nucleares en esas circunstancias es una incógnita, pero probablemente no mucho.
Desde el lado estadounidense, la idea de dar marcha atrás en el embrollo ucraniano es hoy inconcebible. Es año de elecciones presidenciales. El gasto interno se dispara para comprar votos. Pero incluso sin este gasto adicional, el déficit presupuestario de EE. UU. ya se encamina al 12 % del PIB, aunque eso no parece disuadir a los políticos.
En un año electoral, a menudo se desvía la atención de los fracasos internos evidentes con una mayor actividad militar en el exterior, que en teoría estimula el patriotismo exaltado en favor del presidente en el cargo. Pero ante el fracaso cada vez más evidente en Ucrania, las grandes aventuras exteriores se han convertido poco menos que en luchas contra molinos de viento. Cada vez más, la opinión pública estadounidense se muestra escéptica. En consecuencia, la propaganda y la retórica contra Rusia y China aumentan, sobre todo en EE. UU. y el Reino Unido, pero también en todas las naciones de Europa occidental que celebran consultas electorales este año. Este es el trasfondo de la belicosidad de Macron.
Como demuestra con claridad la gestión estadounidense de la situación entre Israel y Gaza, la política exterior choca con realidades difíciles de eludir. La cobertura para los fracasos de la política exterior de EE. UU. consiste en desviar la atención de Oriente Medio aumentando aún más la retórica contra Rusia y China, hasta el punto de que la propaganda convenza incluso a sus propios inventores. Cualquier observador objetivo lo ve reflejado en los medios de comunicación dominantes, que promueven una causa moral dictada oficialmente contra nuestros enemigos, con exclusión del pragmatismo. Pero tendemos a olvidar que hablamos de una escalada de conflictos entre potencias nucleares.
Cada vez más, solo hay una manera de que esto termine sin destruir a la humanidad: que el campo de batalla pase a ser financiero. Lógicamente, esto conduce a la destrucción del dólar y a la reintroducción de patrones oro por parte de los rivales de EE. UU. en la hegemonía, para protegerse del ocaso de la era de las monedas fiduciarias posterior a Bretton Woods. Pero llegar a ese punto probablemente implicará una cadena de consecuencias imprevistas.
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