El año pasado fue elegido el nuevo presidente francés, François Hollande, tras una campaña con un programa socialista que hacía hincapié en subir los impuestos a los ricos. Sin embargo, está comprobando rápidamente los defectos inherentes al modelo económico socialista.
Al intentar recaudar más ingresos mediante impuestos punitivos a los grandes ingresos, Hollande lo que ha conseguido es ahuyentar el capital, y con él a muchos de los creadores de empleo del país.
Un artículo reciente de The Telegraph señala cómo «los nuevos datos del Banque de France muestran un aumento repentino de las salidas de [capital] en octubre y noviembre». El artículo también señala que «Simon Ward, de Henderson Global Investors, dijo que la pérdida neta de fondos fue de 53 000 millones de euros (43 800 millones de libras) en los dos meses, aproximadamente el periodo en que Hollande presentó una serie de subidas de impuestos y sufrió un desplome de sus relaciones con las empresas francesas». La reacción no sorprende en absoluto y era bastante previsible para quienes entienden la economía básica.
El capital fluye de forma natural hacia donde recibe el trato más favorable. Una manera sencilla de pensarlo es considerar la perspectiva de un emprendedor. Para crear un negocio hace falta capital. Eso exige usar los ahorros propios, o bien captar capital o pedir dinero prestado. En cualquiera de los casos, el emprendedor arriesga algo. Si pierde dinero, el gobierno no contribuye en absoluto a la pérdida. Sin embargo, si tiene éxito y consigue obtener beneficios, el gobierno los grava.
Además de ofrecer productos que los clientes valoran y compran, el empresario es también quien crea empleo a medida que el negocio crece. Hollande decidió que no pagaban lo suficiente y ahora muchos de ellos están llevando sus esfuerzos allí donde se les aprecia más. Sobre todo cuando ven que el dinero de sus impuestos se utiliza para rescatar a gobiernos y bancos insolventes de toda Europa, resulta difícil criticar su decisión.
Los tipos impositivos más altos también están dificultando enormemente la gestión exitosa de las empresas. The Telegraph comenta algunos de los efectos:
«La patronal MEDEF afirmó que las empresas están "en rebelión en todo el país" y advirtió de que las quiebras se aceleran y de que las compañías están recortando drásticamente la inversión. "Los grandes inversores extranjeros están evitando Francia por completo."»
Mientras que algunas empresas ven reducidos sus beneficios, otras se ven abocadas a la insolvencia. En lugar de ayudar a resolver los problemas económicos de Francia, la política de Hollande está causando una destrucción aún mayor.
A los políticos les gusta a menudo hacer demagogia sobre lo que consideran justo o injusto. Cada uno puede formarse su propia opinión sobre lo que es realmente la justicia, aunque es importante reconocer que la ley económica tiene su propia definición. Subir los impuestos como respuesta a un gasto público excesivo agravará el problema en lugar de resolverlo. Por desgracia, pese al fracaso de estas políticas, lo habitual es que solo se apliquen con más intensidad. ¿Aprenderán alguna vez los políticos?