El oro y los bail-ins

Me preguntan a menudo si es probable que los gobiernos occidentales confisquen el oro, y mi respuesta ha sido invariablemente del tipo «es poco probable por ahora, porque tan poca gente posee oro». Sin embargo, dados los bajos niveles de existencias en las cámaras acorazadas occidentales y que los bail-ins están sobre la mesa, convendría reconsiderar la respuesta a esa pregunta.

Escribí por primera vez sobre las nuevas disposiciones de bail-in tras el desastre de Chipre del año pasado. Lo que suponen para los depositantes se resume de forma concisa en un documento de consulta actual del Gobierno británico sobre el tema:

«El bail-in supone que los accionistas de una entidad en quiebra se ven privados de sus acciones, y que los acreedores de la entidad ven sus créditos cancelados o reducidos en la medida necesaria para devolver a la entidad la viabilidad financiera. Las acciones pueden transferirse después a los acreedores afectados, según corresponda, como compensación».

A primera vista, cualquiera que tenga una cuenta de oro no asignado está en riesgo. En el pasado se ha descartado este riesgo, dado que el Banco de Inglaterra, con o sin la ayuda de otros bancos centrales, siempre rescata a los bancos de metal precioso en apuros. Sin embargo, la capacidad de los bancos centrales occidentales para rescatar en el futuro a esos bancos está comprometida por el vacío de sus cámaras, ya que gran parte de su oro está cedido en arrendamiento. Además, como el oro arrendado sigue siendo de su propiedad legal, tendrán preferencia de cobro, dejando a las cuentas de oro no asignado sin nada.

Esto significa que la próxima vez que haya una interrupción en el mercado del oro, los bancos de metal precioso probablemente se verán obligados a incumplir sus obligaciones de oro con los clientes, liquidando en efectivo si pueden. Dado que los bancos de metal precioso son en su mayoría divisiones de bancos comerciales más grandes, es probable que un fallo en el mercado del oro se extienda a una crisis bancaria más amplia, y pasa a ser discutible si la solución es el bail-in, el rescate o el colapso sistémico.

La verdad es que los bancos centrales occidentales han creado un monstruo con su gestión a largo plazo del precio del oro. Durante los últimos treinta años han estado arrendando oro monetario en cantidades crecientes, y todo él ha desaparecido en el anonimato de Asia. Los bancos de metal precioso saben por experiencia que cada vez que se meten en problemas pueden esperar ser rescatados, una obligación para los bancos centrales que ya no se puede cumplir con certeza. Entonces, ¿en qué lugar quedan los clientes de los bancos con cuentas asignadas, o con oro, como las existencias de los ETF, mantenido en custodia para ellos?

En teoría deberían estar completamente protegidos. El oro asignado y el oro en custodia son claramente propiedad de los clientes. Pero sería ingenuo pensar que el oro claramente identificado de los clientes está a salvo en el caos de una crisis financiera generalizada. Y además existe el precedente bien establecido que permite a cualquier gobierno confiscar la propiedad de sus ciudadanos declarando que la acción es «de interés nacional». Incluso está recogido en la legislación europea de derechos humanos.

Normalmente vivimos sin preocuparnos por estas cosas, descartándolas como alarmismo. Pero la desaparición del oro monetario de Occidente en Asia, se mire como se mire, hace considerablemente más probable la inimaginable confiscación por parte del Estado del oro de propiedad privada.

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