El oro vuelve al sistema monetario

A principios de 2011, la London Bullion Market Association comenzó a presionar para que el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea reconociera el oro como el activo líquido de alta calidad por excelencia.

Ha sido un enfoque planificado, en el que ha participado la comunidad financiera en sentido amplio: el Parlamento Europeo votó por unanimidad recomendar que las entidades de contrapartida central (básicamente, intermediarios regulados de liquidación para los mercados de valores) acepten el oro como garantía en virtud del Reglamento Europeo de Infraestructuras de Mercado (EMIR). Sin duda, la labor de presión de la LBMA contribuyó a este resultado favorable. La creciente aceptación del oro como garantía en los mercados regulados está obligando al Comité de Basilea a reconsiderar la posición del oro como activo bancario, al que actualmente se aplica un recorte de valoración del 50 %. Ahora es casi seguro que el recorte se revisará a cero, es decir, el mismo estatus que el efectivo seguro.

Se trata de un acontecimiento importante para el mercado del oro físico, y un documento de consulta publicado por la Fed y los reguladores bancarios, con vistas a la próxima normativa de Basilea 3, ya anticipó el cambio1. A la Fed le habrá costado mucho tragarse la obligación de hacer circular una propuesta según la cual «una sociedad de cartera bancaria o una sociedad de cartera de ahorro y crédito puede asignar un importe de activos ponderados por riesgo de cero al efectivo propiedad de todas las oficinas de las entidades de depósito filiales y mantenido en ellas, o en tránsito; y al oro en barras (metal precioso) mantenido en las propias cámaras de la entidad de depósito filial, o en las cámaras de otra entidad de depósito sobre una base asignada, en la medida en que los activos en oro en barras estén compensados por pasivos en oro en barras». (Página 291 y otras).

Si la historia sirve de guía, no cabe duda de que el Tesoro de EE. UU. y la Fed preferirían no otorgar al oro un estatus que rivalice con el dólar, pero no pueden dar órdenes al Comité de Basilea. Desde que el presidente Nixon desvinculó el dólar del patrón oro, el mantra oficial ha sido que el oro ya no desempeña ningún papel monetario. Dar un giro de 180 grados y concederle el mismo rango que al efectivo en dólares es, por tanto, extremadamente significativo. Además, existe una lógica incuestionable a favor de no penalizar a los bancos que desean diversificar sus balances y garantías alejándose de las monedas fiduciarias, algunas de las cuales se están volviendo cada vez más arriesgadas en estos tiempos de tensión sistémica.

La propuesta solo se encuentra en la fase en que se invitan comentarios, pero es improbable que los bancos la rechacen, ya que representa una oportunidad de préstamo seguro y la posibilidad de diversificar los propios activos del banco sin sufrir una penalización por ponderación de riesgo. Una vez aplicada, la propuesta alentará sin duda a los bancos a comprar oro, y los bancos de metales preciosos de Londres cubrirán los pasivos no asignados de clientes que carecen de cobertura. Y lo que vale para los bancos comerciales también vale para los bancos centrales: no tiene sentido que los bancos centrales sigan marginando el oro en sus propios balances. En cambio, deberían abandonar el mito de valorar el oro en sus libros a 42,22 $ y tratarlo como un auténtico activo monetario.

Lo que supone esta propuesta es nada menos que la remonetización oficial del oro. Y a medida que sus implicaciones vayan calando en el conjunto de la comunidad bancaria, veremos a un número creciente de bancos buscar oportunidades de préstamo relacionadas con el oro y a más y más banqueros tratar de adquirirlo como activo central de su balance.

*Muy pocos comentaristas aprecian plenamente su importancia; una notable excepción es el número actual del Amphora Report de John Butler, cuya lectura recomendamos.

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