Es habitual que los expertos financieros clasifiquen el oro como una simple materia prima. No lo es. Las materias primas, por lo general, solo tienen valor en la medida en que se consumen de forma efectiva, ya sea directamente o de manera indirecta a través de diversos procesos industriales. Esto es válido en gran parte incluso para la plata, la hermana del oro, que sí se deslustra y que, en la época moderna, ha encontrado numerosas aplicaciones industriales importantes que la dejan fuera de cualquier reciclaje práctico. Mantener existencias de metales industriales suele ser caro, y el coste de reciclar la chatarra metálica puede resultar prohibitivo. Las materias primas agrícolas y otras materias primas «blandas» se consumen casi por completo como alimento.
Por el contrario, el oro es oro. Es el único elemento no reactivo con la excepción de unos pocos gases nobles y de algunas sustancias venenosas. Sí, el oro puede convertirse en joyas o en una infinidad de otros objetos bellos. Pero el coste marginal de fundirlo de nuevo en lingotes o monedas genéricos es pequeño, de ahí que exista un mercado omnipresente incluso para cantidades diminutas de joyas usadas.
La producción de oro es de un altísimo consumo energético y requiere además trabajo y capital. Pero el oro, una vez producido, es eterno. Por eso es la única sustancia conocida por el ser humano que funciona como energía, trabajo y capital almacenados y, por tanto, como valor almacenado. Esta es la mejor explicación de por qué el oro se ha utilizado como dinero en todas las grandes civilizaciones a lo largo del tiempo y se sigue utilizando como dinero de facto en la India y en buena parte de Asia.
Que el oro no circule como moneda de curso legal tampoco lo convierte en una materia prima. Las monedas fiduciarias necesitan que terceros hagan cumplir su aceptación y regulen su oferta. También aquí, el oro es oro. No hace falta que ningún gobierno imponga su aceptación. Y ningún gobierno puede imprimirlo en exceso ni devaluarlo de otro modo. Esto es también lo que hace del oro un dinero verdaderamente internacional y multicultural, a diferencia de las monedas fiduciarias, de características fundamentalmente políticas y cuyo valor depende, por tanto, de la conveniencia política.
Como observó Lord Acton, el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. Por extensión, el poder monetario tiende a corromper y el poder monetario absoluto corrompe absolutamente. Esto ha quedado muy patente con la expansión cuantitativa y las políticas de tipos de interés cero o negativos de muchos bancos centrales desde 2008.
El dinero en sí es una tecnología. Como explica el teórico contemporáneo de la información George Gilder, los precios son información y el dinero es el conducto. El economista Ludwig von Mises ya señaló en la década de 1920 que el comunismo fracasaría porque, sin información de precios determinada por el mercado, los recursos económicos no podrían asignarse de forma eficiente. La gestión activa de las monedas fiduciarias distorsiona información vital, como los tipos de interés y las primas de riesgo, y así socava la salud económica. Cada vez hay más indicios, además, de que agrava la desigualdad al elevar los precios de los activos que poseen los hogares más ricos. El oro no puede ser manipulado por un único emisor, porque no hay emisor. No se puede imprimir para inflar los precios de los activos y agravar la desigualdad.
Los defensores del bitcóin citan con frecuencia los puntos anteriores al argumentar que también es superior a la moneda fiduciaria emitida por los gobiernos. Sin embargo, a veces afirman también que, a diferencia del bitcóin, el oro es una «reliquia bárbara» de una época lejana, anterior a que los ordenadores e internet dominaran el comercio mundial. Al igual que la afirmación de que el oro es una materia prima, esta también es incorrecta. No hay ninguna razón práctica por la que la tecnología blockchain, el motor del bitcóin y de otras monedas digitales competidoras, no pueda aplicarse al propio oro. La única diferencia es que, a diferencia de las cadenas de bloques, que pueden replicarse en un número potencialmente infinito de monedas competidoras con características similares, el oro no se puede replicar. Los alquimistas lo han intentado, desde luego, pero siempre han fracasado, y las leyes de la física y la química explican por qué.
Por tanto, la eficiencia de la blockchain puede combinarse con las ventajas únicas y eternas del oro como depósito de valor, lo que demuestra que el oro no es solo algo más que una materia prima, sino también el depósito de valor definitivo, tan adecuado para el futuro como lo fue para el mundo antiguo y para todas las épocas intermedias. Aplicar la tecnología blockchain para permitir el intercambio sin fricciones de la titularidad del oro es, por tanto, la innovación más significativa en tecnología monetaria desde la aparición de la moneda estandarizada en el primer milenio a. C. Esa es la verdadera primicia, que los grandes medios financieros han pasado por alto por completo hasta ahora.
Reintroducir el oro como dinero-mercancía mediante la innovación y la tecnología ha sido mi misión personal desde 2008. Mis dos negocios principales, Goldmoney y Mene 24K Investment Jewelry, ilustran la versatilidad del oro como moneda y como elemento natural ejemplar.
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