Este artículo señala que la situación técnica del precio del oro ha mejorado notablemente, para sorpresa evidente de muchos analistas convencionales. Analiza las posibles razones de este giro y sus implicaciones para el futuro.
La situación técnica se muestra en el siguiente gráfico.

Se ha producido un «cruce dorado»: la media móvil de 55 días ha cruzado por encima de la media móvil de 200 días, ambas con tendencia alcista, y el precio se sitúa por encima de las dos. Los operadores suelen interpretarlo como señal de que la tendencia bajista se ha revertido y de que ahora hay un mercado alcista.
Lo más interesante es que este cambio de dirección coincide con una formación de banderín alcista, que comenzó el 11 de febrero y se completó el 3 de marzo, es decir, exactamente tres semanas. Se muestra con las líneas de puntos. Los movimientos de precio intradía (no mostrados) se ajustan exactamente a la formación, y la ruptura del 4 de marzo registró un volumen elevado, con un aumento hasta una cifra récord de contratos abiertos en Comex.
Los demás requisitos técnicos de un banderín también se cumplen plenamente. Sigue a una subida acusada, es una consolidación de no más de tres o, como mucho, cuatro semanas, el volumen disminuyó mientras se desarrollaba la formación (tomando como referencia los volúmenes de Comex) y la ruptura supuso la reanudación de la tendencia. Por tanto, parece un ejemplo de manual.
Los banderines nos dan un objetivo de precio, que equivale a la subida previa medida desde el punto de ruptura. Esto arroja un objetivo mínimo de aproximadamente 1400 $, que con los banderines puede alcanzarse con bastante rapidez. Y eso ayuda a explicar, desde un punto de vista puramente técnico, la fortaleza aparentemente imparable del precio del oro.
Fundamentos
El análisis técnico es la justificación para que los inversores consideren y emprendan acciones en los mercados de capitales sin tener que entender las razones de fondo por las que cambian los precios. De hecho, en estos tiempos en que cantidades aparentemente infinitas de crédito bancario se destinan a la especulación financiera, las tendencias de precios las marcan día a día los gráficos, de modo que los precios dependen de la aplicación del crédito y no de valoraciones fundamentales de los valores futuros.
El análisis técnico es notoriamente falible y fomenta actuar al margen del pensamiento racional. Se nos dice que los flujos hacia los ETF de oro han sido positivos durante los últimos cuarenta días. Pero si nos preguntamos si los compradores del oro físico representado por derechos en papel lo hacen para protegerse financieramente o, por el contrario, movidos por la esperanza de que los precios suban, hay que concluir que lo más probable es lo segundo.
Dicho de otro modo, el análisis técnico se justifica porque, al alimentar la locura de las masas, funciona, y hay mucho dinero suelto circulando por los mercados que asegura que pueda seguir haciéndolo. Esto realmente no es suficiente. Una comprensión razonada de lo que el oro es en realidad, una apreciación de los intereses creados y un análisis de las consecuencias prácticas de los flujos de inversión son vitales para nosotros como particulares si no queremos que los mercados volátiles nos zarandeen.
El precio del oro empezó 2016 con todas las grandes firmas de inversión alcistas con el dólar y bajistas con las materias primas y el oro. Es de tales extremos de sentimiento de donde surgen las inversiones bruscas de tendencia: todo el mundo lo ha vendido todo por dólares y ya no quedan vendedores importantes. Si esto es todo lo que está en juego esta vez, las tendencias anteriores de un dólar al alza y, por tanto, de un precio del oro a la baja podrían reanudarse cuando esas posiciones se hayan deshecho lo suficiente.
Para determinar si es así, debemos recurrir a los fundamentos, lo que nos obliga a descartar el enfoque analítico convencional. Debemos dejar de pensar que el oro sube, cuando lo que realmente ocurre es que el dólar cae. Casi todos los economistas y operadores de mercado lo entienden al revés. El oro no tiene fundamentos variables, condición que lo califica de forma única como dinero sólido. Es la moneda en la que se mide la que tiene todos los fundamentos variables, y ahí es donde debemos mirar.
Cuando miramos el precio del oro en dólares, pensamos de forma natural que quien se mueve es el oro. Pero en realidad estamos comparando dos formas de dinero: el oro, que no está en circulación general, y el dólar, que lo ha suplantado. Y dado que el dólar se emite en la cantidad que deseen tanto el Gobierno de EE. UU. como, a través de las fluctuaciones del crédito bancario, el sistema bancario, es el dólar el que depende en última instancia de la valoración del mercado. Salvo para quien se limite a seguir tendencias a corto plazo, la constante en esta comparación es sencillamente el oro. Los economistas que sostienen lo contrario son esclavos de la moda macroeconómica y no de una teoría racional de los precios.
Entender que, medido en oro, lo que cae es el precio del dólar permite dar sentido a lo que está ocurriendo. Nos lleva a los fundamentos del dólar, no tanto frente a otras divisas que comparten muchas de sus características, sino frente a las materias primas. Y en la Tabla 1 podemos ver que el poder adquisitivo del dólar ha ido cayendo también frente a otras materias primas clave, además de frente al oro.
Tabla 1. Materias primas seleccionadas: caída del poder adquisitivo del dólar estadounidense

El giro en la suerte del dólar ha sido repentino: ha tardado menos de tres meses. El dólar estadounidense había estado excesivamente sobrecomprado, y era previsible que le siguiera una caída de su poder adquisitivo frente a muchas materias primas clave. Y hay buenas razones para que caiga aún más. Se centran en el daño que se está infligiendo a la posición del dólar como moneda de reserva mundial. China y Rusia lideran la ofensiva para prescindir del dólar, y China en particular promueve deliberadamente el yuan como sustituto del dólar en las liquidaciones internacionales con todos sus socios comerciales. El papel del dólar en la fijación de precios de las materias primas se está convirtiendo en una anomalía, porque China realiza con mucha diferencia más comercio internacional que Estados Unidos.
Eso ayuda a explicar las perspectivas del dólar a largo plazo, que todavía no ha descontado una reducción de la cantidad de dólares en circulación internacional. Si no se compensa con una contracción del crédito en los balances de los bancos estadounidenses, una reducción de los dólares en el exterior hará inevitablemente que el poder adquisitivo del dólar tienda a caer. Pero a esto se suma además una renovada demanda de materias primas procedente de China.
China está a punto de embarcarse en un colosal programa de gasto en infraestructuras. No solo cubrirá muchas de las carencias de su infraestructura nacional, sino que además está destinado a un vasto proceso de industrialización que abarcará toda Asia. Los cínicos sin duda tendrán razón al denunciar las ineficiencias derrochadoras de este tipo de gasto estatal, pero se les escapa lo esencial.
Lo esencial es que China nos ha dicho que valora menos el dólar que las materias primas que necesita para cumplir su decimotercer plan quinquenal, y los que vendrán después. Este plan comenzó con el Año Nuevo chino, así que ya estará buscando cambiar la mayor parte de sus reservas de dólares por reservas de las materias primas necesarias. El año pasado, China sentó con cuidado las bases para esta acción.
Para China era vital controlar los riesgos que correría su propia moneda a causa de la venta prevista de la mayor parte de sus reservas en dólares. Siempre fue su principal motivación para presionar al FMI a fin de que incluyera el yuan en los DEG, y también para su política, declarada hace poco, de gestionarlo frente a una cesta de divisas ponderada por comercio. Mientras el yuan se mida solo frente al dólar, es una invitación a que los especuladores extranjeros lo ataquen frente a su unidad de cuenta preferida. Atacar una moneda cuya política cambiaria se define de forma más amplia introduce una gran incertidumbre en una operación especulativa. El cambio en la política cambiaria simplemente le da a China la cobertura para vender sus dólares sobrevalorados a cambio de materias primas infravaloradas.
Es probable que las acciones de China provoquen un cambio importante en las expectativas macroeconómicas en los próximos meses. Con el poder adquisitivo del dólar cayendo de forma continuada frente a la energía y las materias primas industriales, los proveedores de materias primas de China verán cómo la carga de su deuda denominada en dólares, en relación con su producción, se inclina rápidamente a su favor. Desaparecerá, o al menos se aplazará, la pesadilla de que las deudas ligadas a las materias primas socaven el sistema financiero mundial. Seguirá habiendo, por supuesto, deudas incobrables, como en la industria del petróleo de esquisto de EE. UU., y también problemas en algunos países ricos en recursos, como Brasil, donde el daño financiero ya ha sido considerable y puede continuar. Pero para los inversores occidentales, su actual preferencia por la seguridad de la deuda pública de rentabilidad baja, o incluso negativa, será sustituida por las oportunidades que ofrezcan los mercados emergentes en recuperación.
Desde la distancia, lejos de la introspección cotidiana de los mercados de capitales occidentales, ha sido interesante ver cómo empieza a materializarse este desastre financiero. Los bancos centrales occidentales, al depreciar sus divisas, no han producido mucho más que munición financiera para la especulación a gran escala. Vimos el efecto de la avalancha de esa acumulación hacia el dólar durante los últimos dieciocho meses, y estamos a punto de ver el efecto contrario a medida que se retira. Y a medida que los flujos especulativos se inviertan, los antiguos alcistas irán vendiendo cada vez más dólares para pasarse a las materias primas. Buena parte de las reservas de dólares de China, junto con unos petrodólares de Oriente Medio cada vez más superfluos, también se venderá, lo que ejercerá una presión bajista adicional sobre el poder adquisitivo del dólar.
Un dólar más débil será el próximo quebradero de cabeza de la Fed, porque la caída de su poder adquisitivo alimentará un repunte de la inflación de precios sin que se recupere la actividad económica. Las expectativas actuales del mercado, que apuntan a tipos de interés negativos, pasarán inevitablemente a anticipar una subida de los tipos para contener la caída del poder adquisitivo del dólar. Y a medida que avance la pérdida de poder adquisitivo del dólar frente a las materias primas, la solvencia de muchos prestatarios nacionales, e incluso del propio Gobierno de EE. UU., se convertirá en un riesgo adicional para el dólar.
Aunque ya podemos ver cómo surgen motivos para la futura pérdida de poder adquisitivo del dólar estadounidense, vemos que las mismas condiciones afectan en términos generales a las demás grandes divisas. Como el dólar, todas estas divisas se valoran sobre la base de las promesas de sus gobiernos, pero el propósito de este artículo no es comparar sus méritos. Solo el oro no tiene la desventaja de contar con un gobierno emisor, y su stock sobre la superficie aumenta a un ritmo estimado similar al del crecimiento de la población mundial. El oro no tiene por qué subir, como sugiere el término mercado alcista. Es probable que su poder adquisitivo sea considerablemente más estable que el de las divisas de papel a largo plazo. No tenemos que hacer conjeturas sobre el futuro poder adquisitivo del oro.
En cambio, el precio futuro del oro depende de lo que ocurra con el poder adquisitivo de las divisas de papel en las que se mide. No hace falta defender su utilidad ni siquiera su valor, porque es el único dinero sólido que existe, ni más ni menos.
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