El nuevo fixing del oro de Londres y China

Este mes el mercado del oro físico experimentará un cambio radical cuando los cuatro bancos del fixing de Londres traspasen, el 20 de marzo, el fixing que se realiza dos veces al día a la plataforma de negociación de la International Commodity Exchange.

A partir del 1 de abril, la Financial Conduct Authority ampliará sus competencias, de modo que dejará de regular solo a los participantes y también regulará el fixing. Esto trasladará el control del precio fuera de los bancos de metales preciosos y permitirá el acceso directo al proceso de fijación a todos los participantes directos y a los clientes patrocinados.

De ello se derivan dos consecuencias importantes. En primer lugar, el mercado de Londres pasa de ser un mercado no regulado a uno parcialmente regulado, lo que reduce el margen de manipulación de precios. Y, en segundo lugar, los principales bancos estatales chinos, suponiendo que se registren como participantes directos, tienen la oportunidad de dominar el mercado físico de Londres sin tener que operar a través de ninguno de los actuales bancos del fixing. Todavía no se ha anunciado quiénes serán los participantes directos, pero es prácticamente seguro que China estará representada.

Implicaciones de pasar a ser un mercado regulado

Con el régimen actual, un comprador o vendedor en el fixing tiene que operar a través de uno de los cuatro bancos de metales preciosos del fixing. La información que obtienen al ver este negocio es crucial y les da una ventaja de negociación cuasi monopolística sobre el resto de los operadores. En cambio, los compradores y vendedores serán anónimos durante el proceso de subasta.

Por tanto, la nueva plataforma debería garantizar la igualdad de oportunidades y eliminar la ventaja de la que disfrutan los bancos del fixing. Lo más importante es que el dominio del mercado dejará de estar en manos de los miembros privilegiados del fixing y pasará a quienes tengan más capital. Es casi seguro que serán los de China, a través de los bancos estatales que ya controlan el mayor mercado físico de Asia, la Shanghai Gold Exchange (SGE).

La estrategia de China respecto al oro

En realidad, China dio su primer paso deliberado hacia el dominio final del mercado del oro ya en junio de 1983, cuando el Consejo de Estado aprobó el reglamento sobre el control del oro y la plata. Los siguientes artículos, extraídos de la traducción al inglés, exponen los objetivos con mucha claridad:

Además, China ha desarrollado deliberadamente su producción de oro sin reparar en costes, hasta el punto de que hoy es, con diferencia, el mayor productor del mundo. Las refinerías estatales procesan este oro junto con el doré importado de otros países. Nada de este oro sale de China.

La normativa citada formaliza el monopolio del Estado sobre todo el oro y la plata, que se ejerce a través del Banco Popular, y permite la libre importación de oro y plata, pero mantiene las exportaciones bajo un control muy estricto. Sobre la base de estas normas, y tal como fueron modificadas después, el Banco Popular creó la SGE, que sigue bajo su control total. La intención de la normativa no es establecer ni permitir el libre comercio de oro y plata, sino controlar estas materias en interés del Estado.

Siendo así, el aumento de las importaciones chinas de oro registrado como entregas al público desde 2002 es solo la prueba más reciente de una política deliberada iniciada hace treinta y dos años. China llevaba diecinueve años acumulando oro antes de permitir a sus propios ciudadanos comprarlo, cuando por fin se autorizó la propiedad privada. Además, el metal precioso estaba disponible sin dificultad, porque durante diecisiete de esos años el oro atravesó un fuerte mercado bajista, impulsado por una combinación de oferta procedente de ventas de bancos centrales, arrendamientos, chatarra, una producción minera en rápido aumento y ventas de inversores, todo lo cual estimo que sumó en total unas 76.000 toneladas. Durante buena parte de ese tiempo, los dos mayores compradores de todo este oro fueron Oriente Medio y China. El desglose de estas fuentes y la demanda probable se recogen en la tabla siguiente, tomada de mi artículo sobre el tema para GoldMoney, publicado el pasado octubre, donde puedes encontrar un análisis más detallado de la distribución mundial del metal precioso durante aquellos años.

Oferta de oro simplificada

Visto desde otra perspectiva, el coste de las 25.000 toneladas de oro de China equivale aproximadamente al 10 % de sus exportaciones durante el período, y en los años ochenta y principios de los noventa en particular también hubo enormes entradas de capital, cuando las multinacionales construían fábricas en China. Sin embargo, la cifra de acumulación de oro de China es, como mucho, una conjetura fundamentada, pero dada la determinación expresada en la normativa de 1983 y los hechos posteriores, está claro que en 2002 había acumulado deliberadamente una reserva considerable sin declarar.

Hasta ahora, los planes de China a largo plazo para adquirir oro parecen haber logrado algunos objetivos importantes. Las entregas al público a través de la SGE solo desde 2008 sumaron 8.459 toneladas, brutas de chatarra devuelta, probablemente más de 9.500 toneladas desde 2002, dada una producción minera nacional estimada de 1.352 toneladas entre 2002 y 2007.

Con un compromiso tan grande con este mercado, debemos anticipar ahora la siguiente etapa de la política china sobre el oro, y por eso los cambios en Londres pueden ser importantes.

China tiene ahora la oportunidad de asumir un papel dominante en Londres, sin tener que canalizar sus órdenes a través de los bancos del fixing. Por tanto, no es exagerado decir que, a partir del 20 de marzo, China podrá controlar el mercado mundial de oro físico, lo que le permitirá gestionar el precio. Tiene el mayor poder financiero, respaldado por la mayor reserva individual.

Los motivos de China

Es casi seguro que los motivos de China para tomar el control del mercado del oro en lingotes han evolucionado. La normativa de 1983 tiene sentido como parte de un plan con visión de futuro para asegurar que parte de los beneficios de la industrialización se acumularan como un activo nacional libre de riesgo de contraparte. Este razonamiento es similar al de las naciones árabes, que aprovecharon la bonanza de los precios del petróleo apenas diez años antes y acumularon su tesoro en beneficio de las generaciones futuras. Sin embargo, con el paso del tiempo el mundo ha cambiado tanto en lo económico como en lo político.

2002 fue un año significativo para China, pues entraron en juego consideraciones geopolíticas. No solo estableció el Banco Popular de China la SGE para facilitar las entregas a inversores particulares, sino que ese fue también el año en que la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) adoptó formalmente su carta. Esta fusión de intereses de seguridad y económicos con Rusia ha unido a Rusia y China con varios estados asiáticos ricos en recursos en un bloque económico. Cuando se incorporen India, Irán, Mongolia, Afganistán y Pakistán (como se han comprometido a hacer), la OCS abarcará a más de la mitad de la población mundial. Y, como es inevitable, los miembros de la OCS buscan un sistema alternativo al dólar estadounidense para liquidar sus operaciones comerciales.

En algún momento China, junto con su socio de la OCS, Rusia, hará subir el precio del oro como parte de su estrategia monetaria. Puedes defenderlo desde un punto de vista económico, partiendo de que poseer oro con un precio correcto le dará un dominio financiero sobre el comercio mundial en un momento en que estamos destrozando nuestras monedas fiduciarias, o, más sencillamente, de que no tiene sentido poseer un activo y suprimir su valor para siempre. A partir de 2002 surgió un argumento geopolítico: tanto China como Rusia, que al principio habían querido adoptar el capitalismo estadounidense y de Europa Occidental, dejaron de querer hacerlo y pasaron a vernos como enemigos blandos. Después se animó al público chino, incluso con publicidad de servicio público, a comprar oro, lo que ayudó a despojar a Occidente de sus reservas de metal precioso restantes y a dotar de liquidez al mercado en China.

Lo verdaderamente asombroso es que el estamento económico y político occidental ha restado importancia al oro e ignorado todas las señales de alerta. No parece darse cuenta del poder que ha dado a China y Rusia para crear caos financiero con solo elevar el precio del oro. Si lo hacen, y parece cuestión de tiempo, el sistema de reserva fraccionaria de Londres, basado en cuentas de oro no asignado, simplemente se derrumbaría y Shanghái quedaría como el único gran mercado físico.

Por tanto, el hecho de que el mercado de metales preciosos de Londres no haya sabido mirar estratégicamente más allá de sus intereses a corto plazo ha abierto la puerta a que el poderoso monopolio bancario estatal de China controle el mercado del oro en lingotes. Probablemente este sea el eslabón final de la estrategia china sobre el oro de largo plazo y, a través de ella, de un plan de dominio de la economía global en asociación con Rusia y los demás países de la OCS.

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