El momento de China de 1929

Cualquiera con olfato para los mercados te dirá que el intento del gobierno chino de rescatar las bolsas del país del colapso está lejos de tener éxito.

Las burbujas estallan, y punto; y las intervenciones gubernamentales no las detienen. Además, empezamos a ver cómo se ensancha una grieta en los cimientos de los mercados de capitales de China que podría acabar socavando toda la economía.

Dado que el Gobierno es dueño del sistema bancario, es probable que algunos de los efectos en cadena queden ocultos. Una consecuencia para China es que la inestabilidad financiera interna podría poner en peligro sus planes actuales para el desarrollo internacional de su moneda. El momento no podría ser peor, porque dentro de unos meses el FMI debe anunciar su decisión sobre la inclusión del renminbi en los DEG*. Las probabilidades de que China lo lograra eran favorables, ya que se consideraba que cumplía las condiciones necesarias, y el propio FMI se había mostrado receptivo.

Un colapso de las bolsas chinas al estilo de 1929 cambiaría este delicado equilibrio. Según la teoría macroeconómica dominante, la única forma de que China resuelva sus excesivos desequilibrios financieros es devaluar el renminbi frente a las demás monedas de los DEG, algo que difícilmente supone un buen comienzo para un nuevo miembro. El FMI, probablemente empujado por los estadounidenses, podría verse obligado a aplazar de nuevo su decisión y revisarla en 2020.

Sería un mal resultado, dado que China ha puesto la mira en incorporarse a la mesa principal del FMI. Hay pocas dudas de que el reciente anuncio de que aumentaba sus reservas de oro en solo 600 toneladas se hizo en el contexto de su deseo de que la moneda se incluya en los DEG. Si es rechazada, China podría orientar el énfasis con más firmeza hacia el oro, que posee y extrae en abundancia.

Si el Plan A fracasa, llega el momento del Plan B. Es casi seguro que China tiene considerables reservas no declaradas de metal precioso físico. La normativa que permitió el programa de acumulación de oro de China se remonta a 1983, y el Estado habrá adquirido la mayor parte de su metal precioso antes de permitir que sus propios ciudadanos compraran a partir de 2002. Los analistas occidentales parecen ignorar en general que la mayor parte de las adquisiciones de oro de China se produjo a finales del siglo XX, la última vez que Occidente se deshacía de enormes cantidades de metal precioso en un prolongado mercado bajista, y ella tenía que compensar enormes entradas de capital seguidas de superávits comerciales. Esta fue la base de mi especulación de octubre pasado de que las reservas del Gobierno podrían haber llegado a 20.000 toneladas en 2002, lo que explica por qué entonces se permitió la propiedad privada.

El Gobierno chino considera casi con seguridad que el oro es el dinero por excelencia. Se acerca el momento del Plan B, en el que un precio del oro más alto serviría mejor a sus intereses que ser miembro de los DEG. Reduciría los niveles de deuda de China expresados en el dinero por excelencia, sin intervenir en la moneda. Y además aumentaría la riqueza personal de sus ciudadanos. En resumen, sería popular entre la gente corriente, en un momento en que la credibilidad de las autoridades se ve amenazada por la evolución financiera interna.

Debe de resultar tentador. El efecto sobre los mercados de capitales occidentales, que han quedado drenados de metal precioso físico y con pasivos en oro sin cobertura, podría ser muy interesante. Al fin y al cabo, la maldición china consistía en desearnos que viviéramos tiempos interesantes.

*Derechos Especiales de Giro

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