Se ha aprendido mucho de la actual debacle financiera que en los últimos años ha sacudido dolorosamente la estructura financiera mundial. La principal de estas valiosas lecciones es darse cuenta de que todos los activos financieros tienen riesgos.
Incluso los bonos de muchas naciones soberanas se están poniendo en entredicho, y con razón. Aunque a menudo se consideran «sin riesgo» por la capacidad de un país de extraer impuestos a sus ciudadanos, la lógica nos dice que nada en la vida está libre de riesgo. También se llega a esta conclusión con una lectura somera de la historia monetaria o, de forma más significativa e instructiva, con solo observar de cerca los acontecimientos financieros de los últimos años. Sin duda, los bonos soberanos tienen riesgos.
De hecho, son tres. Cada uno de estos riesgos debe considerarse y analizarse seriamente antes de comprar el bono de cualquier nación soberana.
1) Riesgo de divisa: hay dos tipos de riesgo de divisa. El primero es la inflación, que lleva décadas erosionando el poder adquisitivo de las divisas, desde que los gobiernos abandonaron el patrón oro clásico. Este riesgo es especialmente agudo en el entorno actual, en el que la intervención continua de los bancos centrales manipula los tipos de interés a la baja de forma artificial, con la consecuencia de que los intereses que genera un bono probablemente no compensen por completo la pérdida de poder adquisitivo de la moneda en que está denominado. El otro riesgo de divisa procede de la fluctuación de los tipos de cambio. Un tipo de cambio a la baja reducirá el valor de los bonos denominados en una divisa extranjera. Por ejemplo, cualquier inversor en euros que tuviera bonos denominados en libras esterlinas vio mermado su patrimonio cuando el tipo de cambio de la libra se desplomó frente al euro hace unos años.
2) Riesgo de tipos de interés: aunque los bancos centrales han intervenido activamente en los mercados de crédito para mantener bajos los tipos de interés, es inevitable que vuelvan a subir. Unos tipos de interés más altos significan que los precios de los bonos caerán. Los precios de los bonos caerán para que el rendimiento de sus cupones siempre iguale al tipo de interés vigente.
3) Riesgo de contraparte: el más devastador de todos es el riesgo de impago. Un país pagará sus bonos solo si tiene tanto la capacidad financiera como la voluntad de hacerlo. En este sentido, los inversores están aprendiendo de los acontecimientos recientes que muchos países han superado su capacidad de pagar sus deudas, aunque quieran hacerlo.
A pesar de los acontecimientos recientes, muchos tenedores de bonos siguen creyendo que pueden lograr una relación riesgo/rentabilidad favorable poseyendo deuda pública. Aunque esa afirmación pudo ser cierta en el pasado, hoy la mayoría de los gobiernos están sobreendeudados y al límite de sus posibilidades. Ya no es razonable esperar que un bono del Estado pueda comprarse y mantenerse hasta su vencimiento. Se han convertido en un instrumento de negociación, que se compra y se vende como las materias primas con el fin de obtener beneficios de las fluctuaciones de precios. Esta tarea requiere habilidades específicas, por lo que lo mejor es dejar la propiedad de los bonos soberanos en manos de operadores profesionales y especuladores.
Como consecuencia de que los países viven muy por encima de su capacidad financiera, muchas de las promesas hechas por los políticos se van a romper. Entre ellas estará la promesa insincera de honrar siempre las deudas de un país. La pura verdad es que a muchos gobiernos de todo el mundo se les está acabando el dinero y, en ese entorno, los bonos soberanos no están libres de riesgo.