El debate entre keynesianos y austriacos se intensifica

Un avance del animado debate actual entre las dos caras de la moneda económica.

La semana pasada, un economista de la Escuela Austriaca, Robert Wenzel, pronunció un discurso ante la Reserva Federal de Nueva York, y, por separado, Bloomberg emitió un debate televisado entre Ron Paul, aspirante a la nominación presidencial republicana, y el profesor Paul Krugman, uno de los principales defensores de la política económica keynesiana. El debate entre los partidarios del gobierno grande y los del gobierno pequeño empieza a llegar a los medios.

No se trata tanto de quién gana el debate: lo relevante es que algunos economistas de la Fed están tomando nota de la visión austriaca, minoritaria, y que Krugman, que el año pasado rechazó la oportunidad de debatir de economía con Robert Murphy, del Instituto Ludwig von Mises de Estados Unidos, probablemente se sintió más cómodo defendiendo sus creencias intervencionistas frente a un político que frente a un economista formado. Sea cual sea tu opinión, es positivo que algunos economistas del sistema sientan al menos curiosidad por la economía austriaca y que Ron Paul tenga tiempo en antena para exponer sus ideas, aunque solo sea porque así la gente sabe que existe una alternativa a la economía establecida.

Parece que la invitación a Wenzel se debió en parte a que había pronosticado con acierto el desplome inmobiliario, mientras que los economistas de la Fed no habían sido capaces de preverlo. En el turno de preguntas posterior, un economista afirmó que antes de la Fed hubo crisis económicas peores. Dejando a un lado la imposibilidad de comprobar si eso es realmente cierto, las crisis que hubo se originaron o bien en desastres naturales, como las malas cosechas en una economía de base agrícola, o bien en la expansión del crédito bancario, que alimentaba burbujas especulativas. Hoy las malas cosechas no tienen el mismo impacto, pero las variaciones en el nivel de crédito bancario sí lo tienen, y son un factor clave en la acumulación de deuda.

El debate de Ron Paul con Krugman recibió más atención que el discurso de Wenzel, dado que se televisó. Sus técnicas de debate fueron distintas: Paul se ciñó a los hechos y subrayó el coste improductivo del gobierno grande y la destrucción del ahorro por parte de la Fed mediante la expansión monetaria. Krugman expuso sus creencias, basadas en su versión de la historia, que se nos pedía aceptar sin cuestionar. El problema de la historia es que su análisis siempre es subjetivo. Al parecer, Canuto se sentó en su trono en la playa y ordenó a la marea que retrocediera. ¿Lo hizo porque creía ser un semidiós capaz de mandar sobre los elementos, o porque quería mostrar a sus admirados súbditos que no era todopoderoso? Ambas lecturas son válidas según la postura del historiador, y esa es la debilidad de todo análisis histórico.

No hay nada nuevo en esto. Carl Menger, fundador de la Escuela Austriaca, se enfrentó a la Escuela Histórica alemana, que basaba su política económica en una interpretación subjetiva de la historia de Prusia. Fue esta escuela la que calificó con desprecio la escuela de Menger de provinciana, o austriaca.

Las técnicas de debate económico han cambiado poco. Pero ten en cuenta que la economía austriaca, que argumenta a partir de un análisis teórico sólido y bien razonado de la acción humana, perdura y está viviendo un renacimiento. La Escuela Histórica es hoy una nota a pie de página de la historia, igual que lo será el keynesianismo algún día.

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