Después de todo el revuelo sobre la reducción gradual de estímulos, conviene recordar que los bancos centrales pueden expandir, y de hecho expanden, la cantidad de dinero sin recurrir a la expansión cuantitativa.
En pocas palabras, mientras un banco central decida mantener los tipos de interés en un nivel determinado y esté dispuesto a proporcionar liquidez a cualquier banco que la necesite, el banco central ofrece en el mercado cantidades ilimitadas de dinero al tipo fijado. Por eso los bancos centrales son como conductores que no saben dar marcha atrás por falta de práctica. Y las únicas veces que frenan es cuando el crédito bancario crece más rápido en proporción a las medidas de dinero en sentido estricto, y siempre demasiado tarde para evitar un accidente. Esta es la conocida secuencia del ciclo monetario de auge y caída.
La expansión continua de los depósitos se dio incluso durante la etapa de Paul Volcker en la Fed, y queda ilustrada en el siguiente gráfico de la oferta monetaria verdadera (TMS, por sus siglas en inglés), que se compone de efectivo y depósitos líquidos en los bancos comerciales y abarca los años de su mandato.
La Fed subió el tipo de los fondos federales desde una media del 11,2 % en 1979 hasta un máximo del 20 % en junio de 1981, y la TMS apenas descendió. Con todo, cualquier descenso fue solo estadístico, porque antes de 1982 la Regulación Q de la Ley Bancaria de 1933 limitaba el interés que los bancos podían pagar por depósitos de ahorro accesibles a un máximo del 5,25 %, aunque los bonos del Tesoro rendían entonces más del doble. En consecuencia, los depósitos salieron de las cuentas bancarias hacia otros instrumentos de ahorro. Esta anomalía se corrigió en 1982 mediante la desregulación, que permitió las cuentas de depósito del mercado monetario desde 2.500 $ sin restricciones de tipos de interés, seguidas de las cuentas Super NOW en enero de 1983. Esa es la razón del aumento repentino de la TMS en ese momento.
Teniendo en cuenta estas distorsiones, se aprecia que ni siquiera una fuerte subida de los tipos de interés detuvo el crecimiento monetario. Además, durante la presidencia de Volcker la TMS llegó a duplicarse. Por tanto, podemos concluir que incluso cuando la Fed combate la inflación de precios con medidas draconianas, en realidad no restringe el crecimiento monetario.
La lección para hoy es que, aunque la Fed redujera sus estímulos, probablemente sería un error pensar que con ello restringiría el crecimiento monetario. La Fed está plenamente comprometida, igual que el BCE, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón, a mantener los tipos de interés cercanos a cero durante hasta dos años más, y esa es la consideración primordial.
La expansión cuantitativa es una forma muy eficaz de asegurar la expansión monetaria, con el beneficio adicional de que financia el déficit del gobierno prácticamente sin coste. Los mercados financieros y el público en general han aceptado plenamente la expansión cuantitativa como un método válido de aplicar la política monetaria y no les alarman sus posibles consecuencias inflacionistas.
Lo más importante, tanto para los bancos centrales como para los mercados en general, es la firme convicción de que la expansión monetaria continuará. Sería una lástima, en lo que respecta a la Fed, reducir o abandonar la expansión cuantitativa, porque tendría que recurrir a otros medios de creación de depósitos. Pero, en cuanto a la creación de dinero, eso es todo.