Las cosas se han calmado en los mercados del oro y la plata: el primero cotiza en un rango de entre 1.450 y 1.480 dólares, y la plata se mueve entre 23 y 24 dólares.
Ambos metales cayeron al inicio de la negociación de futuros en Nueva York ayer, pero se recuperaron tras la publicación de las actas de la Fed, que indican que esta se planteará aumentar su impresión de dinero ante cualquier señal de nueva debilidad en la economía estadounidense.
Por supuesto, como han demostrado los últimos cuatro años, una cosa es aumentar la base monetaria (la parte de la oferta monetaria que crece como resultado directo de las compras de activos de la Fed) y otra muy distinta garantizar que ese dinero nuevo llegue al conjunto de la economía. Con los bancos manteniendo enormes reservas excedentes en la Fed, Bernanke no está sacando mucho rendimiento a su «dólar» de flexibilización cuantitativa.
De hecho, a pesar del inicio de las compras de activos sin límite fijo el pasado septiembre, como señala Robert Wenzel en su blog, la tasa de crecimiento de la masa monetaria M2, la medida más amplia que elabora la Fed, ha disminuido respecto al crecimiento registrado en 2011 y a finales de 2012. Es posible, desde luego, un repunte, como el del verano pasado, pero nuevas caídas aumentarían considerablemente la probabilidad de otro tramo bajista serio en la economía estadounidense.
La fuerte demanda de monedas y lingotes sigue atrayendo la atención de los medios, con las ventas de monedas de oro de la Casa de la Moneda de EE. UU. en máximos de tres años y noticias desde Australia de colas de clientes de 600 yardas frente a los distribuidores de metal precioso. En otras noticias, el estado de Arizona se ha convertido en el segundo estado, tras una ley similar de Utah en 2011, en declarar el oro y la plata moneda de curso legal en su territorio, con efecto desde mediados de 2014. Se dice que una docena de estados más estudian leyes similares.