Dólares de sobra

La semana pasada escribí que, contrariamente al ánimo predominante, la fortaleza del dólar estadounidense podría revertirse en cualquier momento. Esta semana analizo otro aspecto del dólar que, casi con toda seguridad, se convertirá en una fuente significativa de oferta: un desplazamiento global fuera de esta divisa por parte de los tenedores extranjeros.

Además de las multinacionales que llevan su contabilidad en dólares, hay entidades no estadounidenses que utilizan dólares únicamente para el comercio. Y mientras los gobiernos intervengan en los mercados de divisas, acabarán con esos dólares comerciales en sus reservas exteriores. Algunos de estos gobiernos presionan ahora con fuerza para sustituir el dólar, tras haber visto su degradación, que escapa a su control. Esto ha molestado a países como China, y eso sin especular sobre ningún aspecto geopolítico.

La consecuencia de la gestión monetaria de China ha sido una enorme acumulación de dólares que el país no puede vender con facilidad. Lo único que puede hacer es dejar de acumularlos y no reinvertir lo que obtiene de los bonos del Tesoro que vencen, y esa ha sido, en líneas generales, su política durante al menos el último año. Es decir, este problema lleva tiempo gestándose y, sin duda, contribuyó a que China se decidiera a reducir su dependencia del dólar. Además, es la razón por la que, hace trece meses, George Osborne fue convocado (no hay otra palabra para describirlo) a Pekín para hablar de un plan para desarrollar con urgencia mercados de capitales offshore en renminbi, aprovechando los vínculos históricos entre Hong Kong y Londres. Desde entonces, según se informa, el mes pasado más del 22 % del comercio exterior de China se liquidó en su propia moneda.

Dado el poco tiempo transcurrido, es evidente que se está produciendo un cambio importante en el comercio transfronterizo que los comentaristas financieros apenas han advertido. Pero no es todo: las sanciones contra Rusia también la han vuelto con urgencia en contra del dólar, y junto con China estas dos naciones dominan y arrastran consigo a la mayor parte de Asia, que representa a casi cuatro mil millones de almas en rápida industrialización. A esto debemos añadir Oriente Medio, cuyo petróleo se exporta ahora en su mayor parte a China, la India y el Sudeste Asiático, lo que puede dejar también obsoleto el petrodólar.

En un sistema monetario centrado en el dólar, China tiene un margen de actuación limitado: con unas reservas totales de divisas de casi 4 billones de dólares, no puede vender suficientes dólares como para influir en el mercado sin que el renminbi se aprecie de forma notable. En el pasado redujo sus saldos en dólares vendiéndolos a cambio de otras divisas, como el euro, pero no puede confiar en que los demás grandes bancos centrales neutralicen en su nombre el efecto que sus ventas de dólares tienen sobre el mercado. En parte por este motivo, China pretende ahora reorientar sus reservas hacia la inversión internacional, con el fin de desarrollar sus mercados de exportación de bienes de capital, así como hacia grandes proyectos de infraestructuras, como el plan de la Ruta de la Seda, de 40 000 millones de dólares.

Esto equivale simplemente a dispersar los dólares de China en manos diversas para ocultar su venta. Mientras tanto, los mercados de divisas han cargado en la dirección opuesta, y la fortaleza del dólar socava los precios de las materias primas, sobre todo el del petróleo, lo que beneficia en gran medida a China. Y mientras los tertulianos debaten el efecto sobre Rusia y sobre el esquisto de Estados Unidos, no se dan cuenta del posible tsunami de dólares que solo espera la oportunidad de volver a los viejos y queridos EE. UU.

 

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