Los aranceles de Trump están haciendo implosionar la burbuja global del crédito y destruyendo la riqueza de todos. Pero los sensatos verán en ello una oportunidad para acumular a bajo precio el refugio por excelencia: el oro y la plata.

Debido a la liquidación indiscriminada de activos para hacer frente a las crecientes pérdidas en renta variable, el oro y la plata cayeron esta semana. En la negociación europea de esta mañana, el oro cotizaba a 3095 $, 27 $ menos que el cierre del viernes pasado, pero la plata sufrió un golpe muy fuerte: 31,34 $, nada menos que 2,76 $ menos. La mayor parte del daño se produjo ayer (jueves), tras el anuncio de aranceles de Trump la tarde anterior.
Como era de esperar, los volúmenes de ayer en el Comex fueron excepcionalmente altos, sobre todo en la plata:

Sin duda, el oro se ha mantenido tan bien por la demanda de metal precioso de los bancos centrales, que no existe en el caso de la plata. En consecuencia, la plata parece abocada a una mayor volatilidad, quizá poniendo a prueba el soporte de su media móvil de un año, que actualmente se sitúa en 30,47 $.

Un desplome del mercado de renta variable ofrece enormes oportunidades, y no solo mediante la venta en corto de los valores que antes volaban alto o la operativa ágil. En el contexto de los metales preciosos, conviene examinar los resultados de episodios similares del pasado, además de analizar con racionalidad la psicología del mercado.
La última vez que vivimos una crisis similar fue en la gran crisis financiera de 2008, cuando el oro cayó un 30 % antes de subir hasta máximos históricos de 1920 $ tres años después. El índice S&P 500 se redujo a la mitad entre noviembre de 2007 y febrero de 2009, lo que causó pérdidas sustanciales a los inversores, cuyas ventas para cubrirlas fueron indiscriminadas. Una vez pasada la crisis, volvió la razón para vender monedas fiduciarias y comprar oro, sobre todo dados los crecientes problemas de deuda en el euro.
Es decir, los riesgos de exposición al valor del crédito eran mayores tras la crisis financiera global, y las ventas fueron solo un fenómeno temporal: una lección para hoy.
Esta vez es improbable que el oro sufra un golpe tan duro, por tres razones básicas. La primera es que los riesgos de crédito posteriores al inicio de un mercado bajista son hoy claramente mayores. La segunda, que la exposición de los inversores al oro en los mercados de capitales occidentales es insignificante, así que hay poco que vender. Y la última, que los bancos centrales no solo compran con avidez cualquier metal precioso que llegue al mercado, sino que casi con certeza están restringiendo la liquidez del mercado al reducir la oferta de arrendamiento de oro.
La ausencia de los bancos centrales en el mercado de la plata explica por qué su precio es más vulnerable a las caídas. Pero, de nuevo, el pánico generalizado en la renta variable es temporal y, como en el caso del oro, es una oportunidad de compra para quienes acumulan.
Lo que estamos viendo es un pánico inicial, en el que se espera que los inversores reduzcan el riesgo de sus carteras disminuyendo la exposición a renta variable e invirtiendo en bonos. Esta es la base de todos los manuales regulatorios, que ni siquiera mencionan los metales preciosos ni las materias primas. Y hemos visto bajar en consecuencia los rendimientos de la deuda pública:

Pero a medida que la burbuja del crédito siga desinflándose, aumentarán los riesgos para el sistema bancario y la economía global, lo que inevitablemente se reflejará en una subida de los rendimientos de los bonos para descontar esos riesgos.
El acontecimiento más fácil de entender es la liquidación segura de las posiciones extranjeras en renta variable. El mercado con mayor exposición, de unos 15 billones de dólares, es el de EE. UU. Los extranjeros no mantendrán la renta variable estadounidense en una implosión del crédito: no solo la venderán, sino que también venderán los dólares obtenidos en lugar de comprar bonos. Esto ya se refleja en el índice del dólar estadounidense ponderado por comercio:

Este gráfico se ha deteriorado mucho y parece destinado a romper a la baja el nivel clave de 100 a medida que los extranjeros venden sus dólares para repatriar fondos a sus monedas nacionales.
Es en ese punto cuando los riesgos para el dólar parecerán de pronto irresolubles. Un dólar a la baja impulsará la subida de los precios, junto con unos aranceles más altos a las importaciones. La inevitable recesión derivada de la combinación de un crédito en implosión y los aranceles comerciales también agravará la trampa de deuda del gobierno federal, lo que exigirá tipos de interés y rendimientos de los bonos más altos para estabilizar el dólar.
Es poco probable que una Fed reticente lo permita con facilidad. Con la posible excepción de Alemania, todos los demás países del G7 están en trampas de deuda similares. Es inevitable que, al ser solo crédito, el valor de sus monedas también descienda. ¿Frente a qué?
La única respuesta posible es que se valore en oro y, quizá, en plata, que desde la antigüedad han sido dinero sin riesgo de contraparte en el derecho consuetudinario de todos.
Por eso la actual turbulencia del mercado es una oportunidad caída del cielo para preservar tu patrimonio personal, saliendo de un crédito que se derrumba y pasando al dinero real: el oro y la plata.