Burbujas y ladrillos

Muchos piensan que los tipos de interés subirán en algún momento, lo que provocará una caída significativa de los precios de todos los activos. Una versión de esta lógica sostiene que todos los mercados están pendientes de un desplome. Otra corriente de opinión se deja llevar por la ola y no piensa demasiado.

Muchas veces no compensa pensar demasiado: es lo que se llama seguir la tendencia. Y el problema de anunciar burbujas es que, aunque puedas tener razón, a corto plazo puedes quedar en ridículo. Pero hay otro enfoque, que consiste en juzgar las perspectivas de los activos en el contexto de la inflación monetaria.

El hecho de que los bancos centrales estén inyectando enormes cantidades de moneda recién emitida en los mercados de capitales reduce artificialmente los tipos de interés. Hay pocas dudas de que las altas valoraciones de todos los activos financieros se deben en su mayor parte a esto, y de que ahí es donde va a parar la moneda recién emitida. Es igualmente claro que, cuando los tipos de interés suban, el valor de muchos activos financieros caerá. Los bonos son los que corren más riesgo, pero hay otros activos que se valoran en función de factores distintos de los tipos de interés.

Por ejemplo, los mercados de renta variable también tendrán en cuenta los beneficios empresariales previstos. Mientras los tipos de interés no suban demasiado y las perspectivas económicas mejoren lo suficiente, las acciones pueden seguir subiendo. Y el sector inmobiliario suele comportarse bien en las primeras fases de una subida de tipos, hasta que esta se vuelve excesiva.

Sin embargo, este no es un ciclo crediticio normal. Lo que tenemos es un estímulo monetario global con esteroides. El resultado hasta ahora ha sido la inflación de activos, lo que plantea una cuestión importante: dado que la inflación de activos va asociada a la inflación monetaria, ¿deberíamos preocuparnos por esta en lugar de por la perspectiva de los tipos de interés? ¿Ofrece un activo protección frente a la pérdida de poder adquisitivo de la moneda, en lugar de depender de los rendimientos?

La mejor protección frente a la hiperinflación de las monedas se obtiene poseyendo metales preciosos e inversiones relacionadas, como las minas de oro y plata. Le siguen en la escala de protección los inmuebles, que pueden subir de forma espectacular en un colapso monetario, pero se ven lastrados por el impago de alquileres y por unos ingresos por alquiler que caen en términos reales. Después vienen las acciones, aunque el caos monetario arruina a muchas empresas, que se quedan sin valor. Es probable que los gobiernos emisores modifiquen las condiciones de los bonos protegidos contra la inflación en perjuicio del tenedor, y las peores categorías de todas son los bonos de renta fija y los depósitos bancarios.

Por tanto, el sector inmobiliario es la clase de activo interesante. Cabe destacar que el dinero se está desplazando ahora de Wall Street hacia la vivienda, lo suficiente como para elevar los precios de forma significativa. Dentro de unos años podríamos mirar atrás y concluir que fue una manifestación de la hiperinflación de la oferta monetaria, que hasta ahora parece haberse limitado a actividades puramente financieras.

Es difícil ver cómo se puede frenar la hiperinflación de la cantidad de dinero. La elección es entre recortar el gasto público y provocar una reasignación del capital que llevará inevitablemente a quiebras de empresas y bancos, o seguir creando aún más dinero. A este respecto, el mandato de la Fed es seguir únicamente este último camino.

Así pues, la recuperación de los precios inmobiliarios parece basarse cada vez más en un desenlace inflacionario o hiperinflacionario de los acontecimientos actuales, y no en una burbuja especulativa. Las implicaciones de esta señal importante son profundas y no deben ignorarse.

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