El acuerdo ha quedado cerrado, a la espera de lo que decida el Parlamento. Ahora la señora May tiene la difícil tarea de vendérselo a los diputados. La abrumadora mayoría de quienes han expresado una opinión, tanto partidarios de permanecer en la UE como del Brexit, lo han criticado duramente. Y también lo ha hecho el presidente Trump. Ella estará rezando para que no haga más comentarios al margen en el G20 de Buenos Aires.
La votación está prevista para el 11 de diciembre, tras cinco días de debate. La táctica del Gobierno consiste en apoyarse en que el acuerdo de la señora May es el único sobre la mesa, y en que la alternativa sería el supuesto abismo de una salida sin acuerdo. El riesgo de esta estrategia es que los partidarios del Brexit desvelen que se trata de una falsa disyuntiva y que la señora May debería volver a Bruselas y renegociar. La UE está dispuesta a reafirmar que no aceptará ningún otro acuerdo para cortar esta opción.
El Tesoro y el Banco de Inglaterra han vuelto a poner en marcha sus modelos económicos y financieros para pronosticar la máxima disrupción en caso de que el Parlamento no apoye el acuerdo de la señora May. Sin embargo, en la Cámara de los Comunes el Tesoro se desmarcó de la responsabilidad sobre sus previsiones posteriores al Brexit, diciendo que se basaban en un análisis en el que habían participado numerosos departamentos del Gobierno. Uno se queda preguntándose por qué el secretario del Tesoro no se sintió capaz de respaldarlas sin reservas.
El Banco de Inglaterra ha sido menos delicado en su enfoque, al afirmar que estamos todos condenados. El resultado, tras un solo día de haber dado a conocer su previsión, es una pérdida de credibilidad pública para el Banco y, en particular, para Mark Carney, su gobernador.
Las tácticas de intimidación se extienden a un batiburrillo de afirmaciones sobre muchas cosas vitales para la vida y el empleo, elaboradas por organismos cuasi gubernamentales[i]. La escasez de medicamentos, las interrupciones del transporte, la falta de productos químicos para la depuración del agua y muchos otros problemas están documentados en ochenta documentos oficiales distintos. El engaño consiste en suponer que estos suministros se proporcionan a nivel intergubernamental, y no por empresas con ánimo de lucro, que sin duda harían todo lo posible por asegurar la continuidad de sus ventas. Se espera que el puerto de Calais se dispare en el pie y rechace el tráfico.
Esta línea de propaganda parece ser un ataque irresistible para el Gobierno, acostumbrado a asustar a la población para llevarla hacia el rumbo que prefiere. Y ello a pesar del fracaso de esta táctica antes del referéndum del Brexit, cuando la ciudadanía decidió que olía a podrido.
¿En qué consiste el acuerdo y a qué viene tanto revuelo?
Gran Bretaña abandona la UE el 29 de marzo del próximo año y, según el plan de la señora May, entra en un periodo de implementación en el que no cambian los acuerdos comerciales actuales, hasta al menos el 1 de enero de 2020. Después, si el acuerdo comercial no está en vigor (algo muy improbable: se tardan años en lograr que la UE acuerde tratados comerciales), Gran Bretaña puede prorrogar el periodo de implementación durante un tiempo o bien se aplicará la salvaguardia (backstop) sobre la frontera irlandesa.
La salvaguardia garantiza que la frontera irlandesa seguiría abierta al comercio con la UE, como lo está hoy, hasta que por fin se acuerde y se aplique un acuerdo comercial. Hasta entonces, o bien todo el Reino Unido sigue en la unión aduanera, o bien solo Irlanda del Norte permanece en ella, lo que en la práctica supondría trazar una frontera en el mar de Irlanda. La salvaguardia, si se aplica, solo puede desactivarse «cuando hayamos cumplido nuestros compromisos sobre la frontera irlandesa».[ii]
El acuerdo establece que tanto la UE como el Reino Unido harán todo lo posible por alcanzar un acuerdo comercial. Pero dado que los Estados miembros de la UE, que no son parte del acuerdo, pueden bloquearlo, esta garantía tiene que carecer de valor. Antes incluso de que se secara la tinta, España arrancó concesiones sobre Gibraltar, y el presidente francés, Macron, dejó claro que Francia negaría su consentimiento a un acuerdo comercial si se denegaban a los barcos pesqueros franceses los derechos de pesca en aguas británicas.
El problema del acuerdo es que, al negarse a aceptarlo, los Estados miembros de la UE pueden asegurar que Gran Bretaña siga siendo, en palabras de Boris Johnson, un estado vasallo. Peor aún, con este acuerdo es un estado zombi, un cautivo muerto viviente de la unión aduanera.
Ni siquiera a los partidarios de permanecer les gusta, porque es evidente que Gran Bretaña queda en una posición mucho peor con este acuerdo que si permaneciera en la UE. Queda encadenada a la unión aduanera sin influencia alguna sobre las normas que se le imponen. Por ello, los partidarios de permanecer de todos los partidos se unen en la petición de un segundo referéndum, con el que esperan revertir el primero y permitir que Gran Bretaña siga como miembro de pleno derecho de la UE. Pero conceder un segundo referéndum no tendría precedentes y sería además una admisión de fracaso del gobierno. Además, su tramitación en el Parlamento llevaría meses, un tiempo del que no dispone. Sin una alternativa práctica, se espera que muchos destacados partidarios de permanecer voten en contra del acuerdo.
Para los partidarios del Brexit, ya es una admisión de fracaso, sobre todo porque la primera ministra siempre se negó a considerar un plan B. Gran Bretaña ha aceptado pagar sin condiciones a la UE 39 000 millones de libras como compensación por el divorcio y seguirá abonando a Bruselas el tributo anual de unos 9000 millones de libras hasta que se acuerden y apliquen las nuevas condiciones comerciales (lo que podría no ocurrir nunca). Aunque el acuerdo limita en general las competencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea para juzgar asuntos comerciales y afines, significa que Gran Bretaña no controla los futuros acuerdos comerciales durante los periodos de implementación y de salvaguardia, y que le será imposible cerrar sus propios tratados comerciales hasta que ese tiempo haya pasado. De ahí las declaraciones del presidente Trump.
Tenemos la confirmación de que es el Hotel California: puedes registrarte cuando quieras, pero nunca podrás irte. El acuerdo es tan impopular que los medios ya dicen que nunca saldrá adelante en el Parlamento. El Daily Telegraph ha reunido diversas fuentes de información para estimar que 221 diputados votarán a favor y 418 en contra.[iii] Pero mucho puede cambiar en solo quince días.
Veámoslo desde el punto de vista de Downing Street, para intentar entender la estrategia del Gobierno. 96 diputados conservadores han dicho que votarán en contra, de un grupo parlamentario de 314 (sin contar al presidente de la Cámara, Bercow). El Partido Unionista Democrático, cuyos diez diputados proporcionan a los conservadores su escasa mayoría en los Comunes, también ha jurado votar en contra. El Partido Laborista, con 257 diputados, ha dicho que votará en contra, pero quizá haya unos 60 laboristas rebeldes. El Partido Nacional Escocés tiene 35 diputados, que también votarán en contra. Los liberaldemócratas, con 12, probablemente estén en contra, pero quizá no estén unidos ante la amenaza de una salida sin acuerdo.
Eso deja a 216 conservadores que probablemente apoyarán al Gobierno (incluidos 94 ministros), quizá 240 una vez que los whips hayan hecho su trabajo. Hacen falta entonces 74 diputados de los demás partidos, de los cuales al menos 60 deben ser laboristas. Conviene recordar que 64 diputados laboristas desafiaron la disciplina de voto del partido en una enmienda presentada el pasado diciembre para permanecer en la unión aduanera, una cifra cercana a la de laboristas que tendrían que rebelarse esta vez para que la señora May gane la votación. Y eso suponiendo que no se convenza a los laboristas de abstenerse, lo que garantizaría que la señora May lo aprobara por un margen cómodo.
Es evidente que la clave del éxito está en las intenciones de los laboristas, y por eso Downing Street está cortejando a sus diputados. Sin embargo, a dos semanas de la votación, hablar de una derrota abultada del gobierno parece, según la probable valoración de Downing Street, errar el tiro.
Todo esto supone que los laboristas resistirán la tentación de derribar a la señora May y sembrar el caos entre los conservadores. Es una suposición audaz, porque a los laboristas les interesa claramente derrotar al gobierno para ver qué oportunidades surgen. Por consiguiente, aunque la valoración de Downing Street pueda resultar demasiado optimista, el bando del Brexit no puede permitirse la complacencia.
Tácticas de los partidarios del Brexit
Los partidarios del Brexit se concentrarán en reunir el mayor apoyo posible para rechazar el acuerdo propuesto. Ya cuentan con los diez miembros del DUP y con 96 conservadores que han dicho que votarán en contra. Tienen que trabajar con los otros 218 diputados conservadores, de los cuales 94 son ministros, lo que deja un grupo de 124 votos posibles.
Les vendría enormemente bien que más ministros partidarios del Brexit dimitieran del Gobierno antes de la votación, por lo que es probable que se les anime a hacerlo en privado. Esto beneficiaría a la causa del Brexit, ya que desmontaría de forma definitiva el argumento del Gobierno de que el acuerdo respeta el espíritu del Brexit.
Los partidarios del Brexit también tendrán que construir alianzas transversales entre partidos. Sobre todo, deben presentar una estrategia alternativa que resulte aceptable tanto para los partidarios del Brexit como para los partidarios de permanecer en la UE, con el fin de obligar al Gobierno a volver a Bruselas a por mejores condiciones, pese a que Bruselas dice que la única alternativa es la salida sin acuerdo.
Para lograr el apoyo parlamentario necesario, es probable que los partidarios del Brexit se centren en el asunto menos polémico: que el borrador del acuerdo no logra la plena soberanía parlamentaria. Incluso Jeremy Corbyn y otros miembros de la izquierda más radical del Partido Laborista pueden coincidir en esto, porque quieren liberarse de toda la normativa de Bruselas para poder nacionalizar y subvencionar industrias sindicalizadas.
La soberanía es el único asunto sobre el que el Gobierno no puede argumentar de forma convincente, y por eso lo desvía hacia el control de la inmigración. Los efectos económicos, que son un problema transitorio, son menos importantes en el panorama general, pero más inmediatos para el electorado. Por estos motivos, el Gobierno se centra en los efectos económicos y promueve problemas hipotéticos que acaparan los titulares y desvían la atención de la cuestión de la soberanía.
El margen para las medias verdades y el engaño descarado es enorme, y lo explotan tanto el Gobierno como analistas supuestamente independientes. En los últimos días nos han dicho que el almacenamiento de alimentos ha dejado a Amazon sin espacio en sus almacenes. Esto sigue a afirmaciones anteriores de un estudio de Barclays según las cuales los aranceles adicionales a las importaciones de alimentos y bebidas podrían costar 9300 millones de libras al año y provocar precios más altos de los alimentos.[iv]
Esto supone que el Canciller impondría, al estilo de Trump, aranceles de importación sobre los alimentos aún más altos que los que se eliminarían con un Brexit sin acuerdo. Podría suponer también que la libra se desplomará (ya hemos oído eso antes), pero ignora la posibilidad de que el euro caiga todavía más. Estas historias alarmistas son fáciles de rebatir y no se les debería dar ningún crédito, pero los medios siempre son más proclives a tomar como verdad absoluta la información que les suministran las filtraciones del Gobierno, mientras cuestionan con relativo escepticismo los argumentos razonados de los partidarios del Brexit.
El futuro de la señora May
Según la prensa, en Downing Street creen que, si la votación no sale adelante, la señora May probablemente podría sobrevivir si el acuerdo es rechazado por menos de cien votos. Con más que eso, está acabada.
Esto probablemente es demasiado simplista e ignora que David Cameron dimitió de inmediato al perder el referéndum del Brexit, con independencia del margen. También depende de que los diez diputados del DUP sigan dándole la mayoría, algo que ya le han retirado. Si recurre a los votos laboristas, tras no lograr suficiente apoyo de su propio partido (lo que Downing Street ya está haciendo), será expulsada sea cual sea el resultado. Por el momento, todos están siendo muy educados y dicen que tiene admirables cualidades de perseverancia y determinación frente a todas las dificultades. Y a todos nos encantan los luchadores. Pero esto puede degenerar rápidamente en terquedad, autoritarismo y engaño deliberado.
Si se actúa demasiado pronto, los diputados que quieran deshacerse de ella serán acusados de deslealtad y de ambición descarada. Además, los partidarios del Brexit no controlan la agenda. Por estos motivos, los candidatos rivales al liderazgo permanecen en la sombra. Pero estarán atentos a ese cambio de tono, que probablemente llegará tras la votación en los Comunes, si no antes.
La única forma que tiene la señora May de salvarse a sí misma y de salvar la integridad del Partido Conservador es cancelar el debate y decirle a Bruselas que esto sencillamente no cuela. Debe recordarles las consecuencias de haber rechazado las demandas de David Cameron y decirles que tendrán que ofrecer mejores condiciones; de lo contrario, no habrá acuerdo.
¿Lo hará? Ya veremos. Tiene cierta influencia, si logra entenderla. Bruselas está en bancarrota y necesita dinero con urgencia. Los efectos en cadena de una salida sin acuerdo podrían ser impredecibles para el Reino Unido, pero, y este es el punto que pocos han asumido, serían catastróficos para la UE.
[i] Organizaciones cuasi autónomas no gubernamentales.
[ii] Estos dos párrafos son un resumen de la declaración de la Primera Ministra ante la Cámara de los Comunes, tal como consta en el Hansard.
[iii] Datos correctos a 28 de noviembre. Véase https://www.telegraph.co.uk/news/0/mps-will-vote-against-brexit-deal-way-will-mp-vote/?WT.mc_id=e_DM885159&WT.tsrc=email&etype=Edi_Brx_New_BrexitBriefing&utm_source=email&utm_medium=Edi_Brx_New_BrexitBriefing_2018_11_27&utm_campaign=DM885159
[iv]https://www.bloomberg.com/news/articles/2018-09-26/no-deal-brexit-to-cost-12-billion-in-food-tariffs-study-says
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