Bernanke se encamina hacia el bote salvavidas

Es una semana emocionante para los «fedólogos», los sucesores de los kremlinólogos de la Guerra Fría, que se ganaban la vida analizando qué se traían entre manos los planificadores centrales soviéticos. Es posible que los planificadores centrales estadounidenses de la Fed de hoy no controlen a masas de hombres armados ni tengan el dedo sobre el botón nuclear, pero cabe argumentar que las tensiones políticas y personales en su seno tienen la misma capacidad de mover los mercados y a los actores políticos.

Primero llegaron unos comentarios indiscretos del presidente Obama, quien señaló en una entrevista con la PBS el lunes por la noche que Ben Bernanke ya se había quedado [como presidente de la Fed] «mucho más tiempo del que quería o del que se suponía que debía». Esto se interpretó como una clara indicación de que Bernanke se marchará al terminar su actual mandato como presidente el año que viene. Ante la disyuntiva entre irse (con toda probabilidad volviendo a la universidad, con unos generosos ingresos adicionales por trabajos de consultoría para grandes empresas) y quedarse a limpiar el desastre que es el balance de la Fed, no hace falta adivinar qué opción resulta más atractiva. Pero con Kyle Bass, el profético responsable de Hayman Capital, sosteniendo que «los próximos 18 meses en Japón redefinirán la ortodoxia económica de Occidente», Bernanke (la ortodoxia personificada) quizá ya haya llegado tarde.

Hoy concluye además la reunión de política de dos días del FOMC, con rumores desbocados de que el comité anunciará alguna forma de «reducción gradual» de sus actuales compras de activos de 80.000 millones de dólares al mes. De ahí la subida de los rendimientos de los bonos del Tesoro (el del bono a 10 años alcanzó la semana pasada un máximo de 14 meses, en torno al 2,25 %). Dado que el gran mercado alcista de bonos de más de 30 años ha sido impulsado en los últimos años exclusivamente por los bancos centrales y los fondos soberanos, que ahora compran cada año 1,8 billones de dólares de un fondo disponible de 2,0 billones de bonos AAA, cabe esperar sacudidas más violentas de los pacientes (las economías enfermas del mundo) si los médicos (los bancos centrales) amenazan con desconectar los goteos de morfina (la QE).

Y eso sin hablar de lo que ocurrirá en los mercados de renta variable: basta ver la caída del 20 % del Nikkei en el último mes, en cuanto los inversores empezaron a dudar de la determinación inflacionista del Banco de Japón. Así que cabe esperar que la Fed, pese a sus maniobras de distracción y sus amagos, siga inclinándose por la impresión de dinero a gran escala.
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