¿Se están tomando por fin los mercados en serio lo que dicen los bancos centrales? Parece la conclusión que cabe extraer de la continua tendencia alcista de las acciones y las materias primas, así como del oro y la plata, aunque siguen sobrevolando numerosos cisnes negros.
El euro y el dólar australiano suben mientras el dólar estadounidense pierde terreno frente a otras divisas, señales claras de optimismo. En lo que respecta a Europa, no hay noticias, y eso son buenas noticias, que es lo que ocurre ahora mismo. El EURUSD alcanzó brevemente los 1,34 $ esta mañana, su nivel más alto desde finales de marzo pasado. El oro choca con una resistencia menor en torno a 1.670-1.675 $, mientras que la plata afronta presión vendedora en torno a 30,75 $.
Los mercados están ahora en un punto ideal, pero el demonio de la inflación sigue rondando en el fondo de la mente de la gente. No tardará en preocupar que el petróleo siga subiendo, mientras que la sequía del año pasado en el Medio Oeste estadounidense (la peor desde la década de 1930) está provocando subidas continuas en las materias primas agrícolas. En el mundo ideal de los bancos centrales, la flexibilización cuantitativa estimularía las bolsas, limitaría los rendimientos de los bonos y llevaría a subidas positivas, pero no excesivas, de los precios al por mayor (digamos, en torno al 4 % anual). Por desgracia, aunque pueden controlar la cantidad de dinero base que crean, no pueden controlar las consecuencias, y los mayores precios de las materias primas son una consecuencia inevitable de la devaluación de las monedas.
Curiosamente, parece que empiezan a surgir, aunque todavía con timidez, serias dudas sobre la flexibilización cuantitativa en los círculos financieros británicos. El Banco de Inglaterra es el indiscutible campeón de la impresión de dinero: ha aumentado su balance en más de un 350 % desde la crisis de finales de 2008. Sin embargo, como informa Liam Halligan en The Sunday Telegraph, pese a este enorme esfuerzo monetario, muchos esperan que el Reino Unido esté deslizándose hacia una «recesión de triple caída» (en realidad, está en depresión desde 2007, pero nadie lo admite). La industria manufacturera se contrajo en noviembre, mientras que el déficit por cuenta corriente se dispara: se espera que alcance el 3,4 % del PIB el año pasado, el mayor desde 1990.
El creciente déficit por cuenta corriente resulta especialmente preocupante, ya que la sabiduría convencional sostiene que la flexibilización cuantitativa debería impulsar las exportaciones al debilitar la libra. De repente, la idea de una crisis de la libra ya no parece tan descabellada.