Las cifras de desempleo de EE. UU. de la semana pasada fueron mejores de lo esperado, un 8,5 %. Aun teniendo en cuenta que subestiman el desempleo real, ¿marca esta mejora el comienzo de una recuperación económica estadounidense? Si es así, es lo último que espera el consenso.
Supongamos por un momento que los bancos europeos se salvan de la crisis. En ese caso, es muy posible que se produzca una recuperación en EE. UU. por dos razones básicas: las empresas siempre están deseosas de invertir en cuanto las condiciones del mercado dejan de deteriorarse y, en segundo lugar, el PIB debería empezar a reflejar mayores cantidades de dinero que fluyen hacia la economía. Comentaré cada una por turno.
Las empresas de EE. UU. han estado acumulando efectivo en estos tiempos de incertidumbre, y se suele suponer, erróneamente, que los directivos están contentos de limitarse a conservarlo. No es propio de los negocios quedarse de brazos cruzados esperando a que cambie la marea: los empresarios buscan continuamente oportunidades rentables y saben que perder el tiempo ya es en sí un gasto.
Por eso el sistema capitalista sobrevive a pesar de los intentos de los banqueros centrales y los gobiernos de ayudar a la función empresarial, y no gracias a ellos. Y, una vez que la inversión de capital empieza a recuperarse, la competencia garantiza que se extienda. Ya existen las condiciones para que esta recuperación se produzca, aunque solo sea porque las malas noticias están en otra parte y los tipos de interés son extremadamente bajos. Por tanto, podemos suponer (si Europa y otros desastres sistémicos lo permiten) que debería producirse una recuperación empresarial. Hasta dónde llegue antes de que la descarrilen los precios al alza de las materias primas y la energía es otra cuestión.
Mientras tanto, la expansión del dinero bruto desde 2008 ha sido notable, pero hasta ahora la mayor parte de ese dinero ha vuelto a depositarse en la Fed, se destina a la especulación en los mercados de capitales o financia al gobierno. Muy poco se ha empleado realmente en la economía como para aumentar la cifra del PIB, lo cual cambiará cuando las empresas vayan más allá de reinvertir sus saldos de efectivo y pidan préstamos para ampliar su capacidad.
Si juntamos todo esto, en las primeras etapas de la recuperación económica las empresas reinvierten su propio dinero. El beneficio para la estadística del PIB es marginal al principio, pero a medida que la recuperación gane impulso y las empresas empiecen a endeudarse, el dinero fluirá a la economía desde los mercados de capitales e inflará el valor monetario del PIB. Así, cuando se confirme a nivel del PIB, la recuperación estará ya muy avanzada.
Las consecuencias políticas de un hecho así en un año electoral quedan fuera del alcance de este artículo. Se empezará a descontar la subida de los tipos de interés, lo que dará apoyo al dólar; pero antes de que eso ocurra debería producirse un cierre forzado de posiciones bajistas en los futuros de energía y materias primas, en parte porque los mercados están desprevenidos ante la recuperación económica, en parte porque la liquidez del mercado se ha reducido a raíz del escándalo de MF Global y en parte porque las perspectivas de inflación de precios cambiarán de forma radical.
Los metales preciosos deberían comportarse bien. La industria querrá acumular existencias de plata para fijar precios bajos, lo que chocará con la demanda física de los inversores, y el oro debería recibir un impulso significativo por el cambio en las perspectivas de inflación.