En noviembre, el mes más reciente del que hay estadísticas disponibles, la Cantidad de Dinero Fiduciario (FMQ) de EE. UU. había crecido hasta los 12,351 billones de dólares. Es decir, 4,96 billones más de lo que sería si hubiera crecido al ritmo medio mensual establecido entre 1960 y el mes anterior a la crisis de Lehman. Según esta medida, la inflación monetaria desde agosto de 2009 está ya un 67 % por encima de la tendencia. Se ilustra en el gráfico 1 que figura a continuación.

Desde principios de año, la expansión cuantitativa (QE) de 85.000 millones de dólares impulsa cada mes el aumento de la FMQ, al doble del ritmo del aumento de las reservas bancarias depositadas en la Fed por las compras de bonos del Tesoro a los operadores primarios. Esto se debe a que la Fed se los compra a los operadores primarios, abona reservas a sus bancos en su propio balance, y a los operadores primarios se les abonan a su vez depósitos en sus bancos. Por otra parte, cuando la Fed compra activos hipotecarios, también puede considerarse que crea depósitos tanto en la Fed como en los bancos, aunque puede haber algunos desfases temporales cuando los bancos venden sus propios activos a la Fed.
Por tanto, el efecto aproximado se obtiene tomando el doble del aumento de las reservas en el balance de la Fed y restando después el aumento de la FMQ, de modo que podamos estimar cuánto hemos llegado a depender de la QE. El resultado se muestra en el gráfico 2.

A principios de 2013, la QE era significativamente mayor de lo que necesitaba el sistema bancario. Con la excepción de la anomalía de marzo que muestra el gráfico, esto equivale a una política de la Fed de inyectar en la economía más dinero fiduciario del que realmente necesitaba, lo cual concuerda con el objetivo de la Fed de reactivar la economía. Sin embargo, poco a poco el sistema financiero se ha vuelto cada vez más dependiente de la QE, hasta el punto de que ahora la necesita toda. Así lo refleja la línea de tendencia lineal del gráfico, que ya se ha situado en terreno negativo.
Dicho de otro modo, toda la liquidez excedente que inyecta la Fed mediante la QE se está agotando en el sistema bancario, que ahora depende totalmente de la QE. Por tanto, cabe esperar que la reducción de 10.000 millones de dólares de la QE anunciada en las actas del FOMC de diciembre, a falta de otra liquidez aportada por la Fed, presione al alza los tipos a un día. Hasta que se produzca una expansión del crédito bancario acorde con una economía que esté claramente en expansión, la Fed podría verse obligada a aumentar de nuevo la QE, o a tomar otras medidas, para mantener los tipos de interés cerca de cero.
Oro
El tercer gráfico muestra el precio del oro ajustado por los aumentos de la FMQ y de las existencias de oro sobre el suelo desde julio de 2008, el mes anterior a la crisis de Lehman.

En estos términos ajustados, el oro a 1.200 dólares nominales cotiza ahora al 64 % de su precio de julio de 2008. En aquel momento los inversores no entendían del todo el riesgo sistémico, y desde entonces la FMQ se ha hiperinflado. Si el oro volviera hoy a la misma valoración que antes de la crisis de Lehman, cotizaría a 1.883 dólares, sin ninguna prima por riesgo sistémico ni por la mayor posibilidad de un colapso del dólar, el resultado cada vez más probable de la hiperinflación de la FMQ posterior a Lehman.